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Lectio divina – Rosario

espírituLos hermanos que participamos en los encuentros de catequesis y oración de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’ en Madrid nos planteamos cómo concluir adecuadamente la cincuentena pascual y prepararnos a acoger el don del Espíritu Santo el domingo de Pentecostés. Oramos y pensamos, para acabar convocando una tarde de oración en la parroquia de San Valentín y San Casimiro de Vicálvaro. Como nuestro carisma particular es el estudio de las Escrituras y la oración bíblica, decidimos reunirnos para dedicar un tiempo tranquilo a la lectio divina. De esta manera atendíamos el mandato de Jesús la tarde de su Ascensión: Aguardad a que se cumpla la promesa del Padre, Hch 1, 4; y nos pareció los más adecuado hacer como los discípulos, dedicarnos a la oración en común (Hch 1, 14). Decidimos reunirnos la víspera de Pentecostés, el 23 de mayo por la tarde. Un momento, en el libro de los Hechos de los Apóstoles leemos: Al llegar el día de Pentecostés estaban todos reunidos en el mismo lugar, Hch 2, 1. Todos, la comunidad primitiva entera, de la que además de los nombres de los once apóstoles se cita a María, la madre de Jesús, Hch 1, 12-14. Pensamos que María debería tener un lugar destacado en nuestra lectio divina, además se trataba de reunirnos en mayo, el mes dedicado a María de modo sobresaliente. Finalmente decidimos aunar lectio divina y Rosario según lo que Juan Pablo II nos dice en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (29-30):

El rosario no remplaza la lectio divina, sino que, por el contrario, la supone y la promueve. Para dar fundamento bíblico y profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente, que puede ser más o menos largo según las circunstancias. En efecto, otras palabras nunca tienen la eficacia de la palabra inspirada. Esta debe ser escuchada con la certeza de que es palabra de Dios, pronunciada para hoy y para mí.

La capilla del Santísimo de la parroquia de San Valentín y San Casimiro estaba llena a las seis y cuarto de la tarde del sábado 23 de mayo. Muchos hermanos de los grupos ‘Palabra de Vida’ y ‘San Juan Bautista’, además de D. José, el párroco, y algunos parroquianos estábamos allí. Tomamos conciencia de estar en lugar sagrado, rebosante de la presencia del Resucitado. La asamblea se dividió en cinco grupos y a cada uno se le dio un texto bíblico: 1º Lc 24, 36-49, sobre la Resurrección; 2º Hch 1, 6-11, el misterio de la Ascensión; 3º Hch 2, 1-4, la mañana de Pentecostés. Los otros dos misterios no se encuentran explícitamente en la Biblia, por lo tanto recurrimos a textos alusivos. 4º La Asunción de María la contemplamos en el texto que la Iglesia propone para la misa de la solemnidad: Ap 12, 1-6. El 5º misterio, la coronación de María como reina, lo meditamos a la luz del Salmo 45, 11-18, donde una princesa entra en presencia del rey, que la desposa.

biblia2Durante un cuarto de hora, cada cual se aplicó a leer su texto, a meditarlo y a dialogar con el Señor que le hablaba. Después, los hermanos que compartían el mismo texto pusieron en común sus experiencias de la lectio divina personal. Las cinco collationes debían enriquecer a todos, por eso cada grupo escribió una oración que se leería al acabar el Gloria del misterio correspondiente. Una hermana del primer grupo proclamó el texto sobre la Resurrección. Otra dirigió el rezo del Padrenuestro, las diez Avemarías, el Gloria. Un hermano concluyó con la lectura de la oración que el grupo había compuesto. Cada grupo procedió de la misma manera. Terminada la oración del quinto misterio, rezamos la letanía lauretana con un ritmo que se puede calificar sin duda de contemplativo. Antes de terminar quiero copiar aquí las cinco oraciones que cerraron cada uno de los misterios: 1º Resurrección: Cuando surgen dudas en nuestro interior, tú nos dices: ‘Soy yo’. Te damos gracias por estar siempre ahí, en las tinieblas y en los días de luz, siempre; 2º Ascensión: Confiemos siempre en Dios, ya que con la fuerza del Espíritu Santo que hemos recibido seremos capaces de transmitir el mensaje que Jesús nos legó y compartir con los demás; 3º Pentecostés: El encuentro de hoy es un encuentro con el Señor. Es íntimo, profundo, y lleno de la fuerza y el amor del Espíritu Santo. Gracias, María, Reina y Señora, refugio en nuestras necesidades, esperanza de nuestra vida; 4º Asunción: Por todas las madres, por la Iglesia, por sus hijos perseguidos. Para que el Espíritu Santo nos aumente la fe. 5º Coronación de María: El Rey se ha enamorado de tu belleza, que él mismo ha creado con su gracia colmándote de virtudes. Ruega por nosotros, Señora y Madre, al Rey, que nos adorne generosamente con la fe, la esperanza y el amor.             

El encuentro resultó, como rezaba una de las oraciones, íntimo y profundo, y yo añadiría fraterno. La fuerza y el amor del Espíritu Santo se derramaban en cada corazón estrechando lazos de comunión, construyendo Iglesia. D. José nos animó a dejarnos arrastrar por el Espíritu que estábamos recibiendo en lo secreto, a vivir la alegría del Evangelio en nuestras actividades de todos los días, a proclamar que Jesús vive; y, por fin, impartió la bendición y nos despidió.

Rafa Chavarría

Una tarde de Lectio divina – Rosario

anunciaciónHace unas semanas el grupo ‘Palabra de Vida’ os invitaba a participar en un rato de oración bíblica y mariana a la que llamamos ‘Lectio divina – Rosario’. El evento se celebró el sábado pasado en la parroquia de San Valentín y San Casimiro de Vicálvaro (Madrid). Yo soy el menos indicado para escribir esta crónica, pues, como organizador, estuve pendiente de que la oración se desarrollara sin prisa ni pausa. Cualquier otro de los participantes os hubiera hablado de los movimientos interiores de su corazón, de la gracia que es orar unidos al Padre común con la Madre de Jesús en medio de la comunidad, como las primeras semanas de la Iglesia (Hch 1, 14). Me contentaré, pues, con una crónica más o menos periodística.

Estábamos citados a las seis de la tarde en la capilla del Santísimo. Cuando yo llegué, ya había allí un grupito de personas, incluido D. José, el párroco. Pero necesitábamos ser al menos diez para seguir el plan previsto, pues una de las dinámicas consistía en poner en común, al menos por parejas, la oración bíblica personal de uno de los misterios. Esperamos un rato, por si se sumaban más orantes. Y se sumaron. Parece ser que a los tardíos se les había metido en la cabeza que la cita era a las seis y media. En fin, ya éramos muchos más de diez, así que empezó la Lectio divina – Rosario.

Recé el texto de la Sabiduría 9, 1-6.9-11: Dios de mis padres, Señor de misericordia, que todo lo creaste con tu Palabra y formaste a la humanidad sabiamente… Así nos hicimos conscientes de estar ante el trono de Dios y viviendo un tiempo sagrado. Con el fin de que nadie pensara que el formato de nuestra oración era una mera ocurrencia de algún esnob, leí unas palabras de Juan Pablo II en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (29-30): El rosario no remplaza la lectio divina, sino que, por el contrario, la supone y la promueve. Para dar fundamento bíblico y profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente, que puede ser más o menos largo según las circunstancias. En efecto, otras palabras nunca tienen la eficacia de la palabra inspirada. Esta debe ser escuchada con la certeza de que es palabra de Dios, pronunciada para hoy y para mí.

Después dividí la asamblea en cinco grupos y asigné a cada uno de ellos uno de los siguientes textos de Lucas: 1, 26-38, El acontecimiento de la encarnación; 1, 39-56, El encuentro con Isabel; 2, 1-20 El nacimiento del divino Niño, el Salvador;  2, 21-40, La presentación en el templo; 2, 41-52, El episodio de Jesús de doce años en el templo. Cada cual se aplicó a leer y releer el texto que le había tocado en suerte, a escuchar la Palabra envuelto en un clima de silencio donde, si algo se oía, era el aleteo del Espíritu. Transcurrido como un cuarto de hora, los que habían hecho la lectio y la meditatio con el mismo texto compartieron los ecos que en sus corazones había producido la Palabra. Esta collatio fructificó en oraciones de alabanza y súplica que rezaríamos después del gloria del misterio correspondiente.

María-IsabelUno de los presentes inició el rezo del rosario: Por la señal de la santa cruz… Uno de los del primer grupo proclamó el texto lucano de la encarnación, otro dirigió el rezo del padrenuestro, las avemarías y el gloria, y un tercero rezó la oración que habían escrito en la collatio: Señor, haz que nosotras, como María, sepamos fiarnos de ti y decirte ‘sí’ con la misma humildad con la que ella lo hizo. De la misma manera se procedió con los siguientes misterios. El segundo concluyó con la siguiente oración: Damos gracias a María porque, por su ‘sí’ al ángel, Jesús se hizo hombre para salvarnos. Esta fue la oración del tercer grupo: Bendito seas, Señor, gracias por conocerte, porque te descubrimos cada día. Te pedimos, Señor, que nos des la gracia de empadronarnos en Cristo Jesús para, así, ser hermanos. También te pedimos que nos hagas humildes como tú lo fuiste naciendo en un pesebre. El cuarto grupo no supo traducir su experiencia en palabras concretas. Así que rezamos: María, madre de gracia, madre de piedad y misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Después del quinto gloria: Señor Jesús, tú nos revelas las profundidades del misterio de Dios, infúndenos tu sabiduría para conocer la voluntad del Padre y fortalece nuestros corazones para vivirla. A continuación rezamos las letanías lauretanas y la oración final. D. José impartió la bendición y nos despidió invitándonos a vivir en nuestra vida ordinaria lo que habíamos gustado durante aquel rato contemplativo en compañía de María, la madre de Jesús y la nuestra.

Espero que con esta crónica os hagáis una idea, al menos aproximada, de lo que vivimos aquella tarde. Y deseo de todo corazón que se despierte en vosotros el interés por conocer más íntimamente a Cristo y su Evangelio de la mano de su madre, para lo cual es muy útil reservarse un tiempo, por lo menos semanal, para hacer lectio divina y para rezar el rosario. Por lo que ha llegado a mis oídos, esta Lectio divina – Rosario se experimentó como un verdadero kairós, un momento especial de gracia. Puede que el grupo ‘Palabra de Vida’ nos invite para una nueva tarde de oración semejante a esta el próximo mes de mayo, el mes de María.

Rafa Chavarría

Lectio divina – Rosario. Misterios de gozo.

El rosario no remplaza la lectio divina, sino que, por el contrario, la supone y la promueve. Para dar fundamento bíblico y profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente, que puede ser más o menos largo según las circunstancias. En efecto, otras palabras nunca tienen la eficacia de la palabra inspirada. Esta debe ser escuchada con la certeza de que es palabra de Dios, pronunciada para hoy y para mí.

El grupo bíblico ‘Palabra de Vida, inspirado por esta enseñanza de Juan Pablo II en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (29-30), organiza este octubre, el mes del rosario, una actividad que aunará lectio divina y rezo del rosario  según la siguiente dinámica:

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Monición de entrada en la que se explicará el desarrollo de la oración y se asignará a cada uno el texto evangélico correspondiente a uno de los misterios:

  • El acontecimiento de la encarnación (RVM, 20): Lc 1, 26-38.
  • El encuentro con Isabel (RVM, 20): Lc 1, 39-56.
  • El nacimiento del divino Niño, el Salvador (RVM, 20): Lc 2, 1-20.
  • La presentación en el templo (RVM, 20): Lc 2, 21-40.
  • El episodio de Jesús de doce años en el templo (RVM, 20): Lc 2, 41-52.
  1. Lectio divina personal. Cada cual leerá y meditará, orará y contemplará el texto evangélico que se le ha asignado.
  2. Collatio. Los que se han sumergido en el mismo misterio compartirán entre sí su experiencia de lectio divina y redactarán una breve oración que incluya alabanza, acción de gracias y súplica.
  3. Rezo del rosario. Se rezará según la costumbre, aunque la enunciación del misterio irá seguida de la proclamación del texto evangélico correspondiente. Después de cada gloria se rezará la oración correspondiente escrita en la Collatio en lugar de la tradicional.
  4. Abrazo de la paz y despedida.

El grupo bíblico ‘Palabra de Vida’ de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’ te invita a participar en este encuentro de Lectio divina – Rosario que tendrá lugar en la Parroquia de S. Valentín y S. Casimiro (capilla del Santísimo), C/ Villajimena 75, Vicálvaro de Madrid. Puedes llegar en Metro: Vicálvaro (línea 9), o en Bus: 100, 106, 130.

Anota el día y la hora: 25 de octubre a las 18:00.

Por supuesto, trae contigo Biblia, rosario, papel y bolígrafo. Y no olvides un corazón abierto, como el de María, capaz de acoger la Palabra y rumiarla incansablemente.

Grupo bíblico ‘Palabra de Vida’

Lectio divina y fraternidad en Cubas de la Sagra (final)

La conferencia inaugural del curso había durado una hora exacta. D. Josué había sabido mantenernos atentos a todos, pero nos vino bien un descanso para estirar las piernas. Camino del comedor pasamos por la capilla, donde rezamos todos a una voz una oración compuesta por Maribel del grupo de Sta. Mª Magdalena: Que las Sagradas Escrituras no pasen desapercibidas ante nuestros ojos… Llevemos el Libro Santo en nuestros labios, en nuestra mente y en nuestro corazón para que seamos como Jesús… Que seamos mensajeros del Señor, y por eso ‘predica la Palabra de Dios con toda fuerza y valentía, insiste con ocasión y sin ella, reprende, ruega, exhorta con toda paciencia y doctrina’, 2Tim 4, 2… Que nuestra vida esté impregnada de la Palabra de Dios. Amén. La comida transcurrió, como suele suceder, en un clima de distendida alegría y cordial fraternidad.

Adoración Cubas de la SagraLa tarde comenzó de hinojos ante el Santísimo Sacramento del altar. Alabamos, adoramos y escuchamos la Palabra. Se proclamó la primera parte del llamado ‘Discurso del Pan de la vida’, Jn 6, 35-38. Silencio para la meditación personal, que interrumpimos numerosas veces con oraciones espontáneas. Se proclamó después la segunda parte del discurso, Jn 6, 48-58. Oramos en voz alta, cada cual según el Espíritu le concedía expresarse, y cantamos alabanzas al que es el pan vivo bajado del cielo. D. Josué dirigió las oraciones finales y, devuelta la Hostia Santa al sagrario, regresó a Carranque, donde le esperaban para una boda. Los demás salimos al jardín a pasear y charlar. Es cierto que tuvimos que refugiarnos bajo un porche, pues llovió durante unos minutos.

Regresamos a la ‘Sala de los Papas’. Nos distribuimos en tres grupos, de modo que se mezclaran los hermanos de Sta. Mª Magdalena, Palabra de vida y S. Juan Bautista. Era el momento de hablar de nosotros, de cómo había ido el curso, de aportar sugerencias para el siguiente, de compartir acerca de nuestra experiencia del Dios que nos habla en las Escrituras. Yo no estuve en ninguno de los grupos, pero me pasaron por escrito lo que se habló en ellos. La participación en el grupo bíblico ha aportado conocimiento y ha despertado interés por leer la Biblia; ha ayudado a descubrir a Dios en los acontecimientos y a aplicarse diariamente a la oración; hasta ha modificado escalas de valores y ha sembrado la inquietud por comunicar la Palabra. Se subrayó que la convivencia y el compartir la experiencia de la lectio divina enriquecen a todos. En el apartado de sugerencias hubo quien pidió que los encuentros fueran más frecuentes (lo normal es reunirnos una vez al mes) y las del grupo de Sta. Mª Magdalena, que han terminado de echar un vistazo panorámico a toda la Biblia, querían entrar en los detalles de algún libro en particular y dedicar más tiempo a orar la Palabra.

Eran las cinco y media cuando nos despedíamos de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, a las que desde aquí queremos agradecer que nosSantuario de la Cruz abrieran su casa y el atento servicio que nos prestaron en todo momento. Unos dejamos la Casa de Espiritualidad ‘Santa Mª de los Apóstoles’ en coche y otros, los que tenían espíritu peregrino, marcharon a pie hacia el Santuario de Sta. María de la Cruz. En la cripta del santuario nos rencontramos todos y participamos en la Eucaristía, que presidió D. Enrique, el capellán de Sta. María de la Cruz. D. Enrique nos hizo caer en la cuenta de que no podemos creernos convertidos. Bien pudiera ser que fuéramos como los sacerdotes y senadores de la lectura evangélica (Mt 21, 28-32), que no atendieron la llamada a la conversión que Dios les hizo por medio del Bautista y del mismo Jesús. Después de todo, yo ya estoy bautizado, voy a misa los domingos, me confieso regularmente y participo en las actividades de mi grupo bíblico. La celebración de la Eucaristía terminó, y D. Enrique nos explicó la historia del santuario, desde las apariciones de la Virgen María a una jovencita del lugar hasta su destrucción durante la última guerra civil. Nos contó con detalle la vida de la santa Juana, abadesa del primitivo beaterio, mujer de muy alta oración, agraciada con diversos fenómenos místicos y confidente del emperador Carlos. La comunidad que hoy habita en el santuario está integrada por monjas de Sta. Clara. Y todo el mundo sabe que las clarisas son famosas por sus dulces. La jornada terminó, pues, en la tienda de las monjas. Allí nos aprovisionamos de rosquillas y coquitos para una temporada.

Nos hicimos la típica foto de grupo. Nos despedimos unos de otros hasta el próximo encuentro. Subimos a los coches. Regresamos, unos a Carranque, otros a Vicálvaro, otros a Madrid. Habíamos vivido un nuevo encuentro con Dios y con los hermanos. Marchábamos sabiéndonos familia del único Padre, hermanos del Hijo y participantes de la vida de ambos por la acción del Espíritu Santo. Había paz en nuestros corazones, alegría y el deseo de seguir ascendiendo por la escala de la lectio divina, que consiste en asistir a la escuela del Divino Maestro, dicho con palabras de D. Josué.

Rafa Chavarría

Lectio divina y fraternidad en Cubas de la Sagra

Cubas de la Sagra

Unos llegamos antes y otros, después; pero a las doce y media todos entrábamos por la puerta de la Casa de Espiritualidad ‘Santa María de los Apóstoles’. La mañana estaba gris, aunque templada, en Cubas de la Sagra (Madrid). Todos habíamos llegado puntuales. Sin demorarnos demasiado en saludos y obligadas presentaciones, seguimos a una de las religiosas de la comunidad de Misioneras Cruzadas de la Iglesia hasta la llamada ‘Sala de los Papas’. Se trataba de un aula con sus consabidas sillas escolares en torno a una mesa profesoral. En sus paredes, fotos de los romanos pontífices. Cada cual ocupó su lugar. Di la bienvenida a todos y abrí oficialmente el nuevo curso. Presenté a D. Josué, párroco de Carranque (Toledo), que nos iba a introducir en el sentido y el arte de la lectio divina.

Tras una breve oración, D. Josué leyó Neh 8, 1-12, donde se narra cómo leyó Nehemías el libro de la Ley a todo Israel. Las religiones primitivas buscaban el contacto con la divinidad, pero Israel tiene conciencia de que Dios había descendido de su cielo para establecer una Alianza. El diálogo entre Dios y su pueblo se convierte primero en tradición oral, para después ponerse por escrito en los diversos libros de la Biblia. El Vaticano II nos recordó que las Escrituras han de leerse con actitud creyente y orante y, con palabras de S. Jerónimo, que desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo. Benedicto XVI recomendaba la lectura asidua de la Biblia acompañada de la oración, de modo que se establezca entre el lector y Dios un diálogo íntimo en el que se escucha y se habla. Por lo tanto, concluía D. Josué, el que practica la Lectio Divina asiste a la escuela del Divino Maestro, disfruta un encuentro con Cristo en la Palabra revelada.

Israel es el pueblo de la Alianza jamás revocada. Tiene conciencia de que Dios entró en su historia y le ha hablado. Sus palabras seConferencia D. Josué conservan en las Sagradas Escrituras. Nehemías congregó a todo el pueblo para escuchar la Palabra de Dios. Del relato de Neh 8, 1-12, se deducen algunas características de la lectio divina. Se hace en lugar concreto: en la plaza que se abre ante la Puerta del Agua, 8, 1a. Nosotros tenemos el templo o un rincón reservado en nuestras casas. Todos estamos llamados a escuchar al Dios que nos habla en las Escrituras: El sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón, 8, 2. La Biblia es un patrimonio que debemos valorar y defender. Se trata de una lectura prolongada: desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro, 8, 3. Hay que reservar un tiempo cada día para la lectio divina. Los levitas ayudaban al pueblo a comprender, leían el libro de la Ley de Dios traduciéndolo y explicándolo para que se entendiese su lectura, 8, 7-8. Interpretamos las Escrituras a la luz de la Tradición de la Iglesia y de su Magisterio con el auxilio del Espíritu Santo, su autor principal: Ante todo, tened presente que ninguna predicción de la Escritura está a merced de interpretaciones personales; porque ninguna predicción antigua aconteció por designio humano; hombres como eran, hablaron de parte de Dios movidos por el Espíritu Santo, 2Pe 1, 20-21.

La lectio divina exige fe, reconocer que Dios nos habla por medio de la Biblia, su Palabra. Debemos leer teniendo en cuenta la unidad de los dos Testamentos y que Cristo es la plenitud de toda la revelación, de la que da testimonio el Sagrado Libro. La Iglesia es la que custodia y entrega la Palabra. Hago lectio divina en comunión con todos los creyentes que me han precedido y con mis contemporáneos. Es preciso leer la Biblia con actitud de conversión continua. Hay que hacerse pequeño y renunciar a los propios puntos de vSala de los Papasista. Es preciso abrirse totalmente al Dios que habla y escuchar lo que nos quiera decir, sin expectativas, que no se trata de adquirir ideas bonitas o de  experimentar ciertas emociones. El camino de la lectio divina es largo y muchas veces árido, por lo que requiere un esfuerzo continuado y paciente. El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda, tanto para perseverar en la lectio divina como para revelarnos todos sus tesoros. El Espíritu Santo inspiró a los autores humanos y conoce las profundidades de Dios. Hay que invocarle para que sostenga nuestra escucha y nos conduzca a la comprensión de las Escrituras.

La lectio divina es un arte, una práctica que requiere método y habilidad. Comenzaremos invocando al Espíritu y tocando el Libro Sagrado con la ilusión del niño que recibe un regalo precioso. Las Escrituras son en verdad un regalo maravilloso de nuestro Padre. Leemos despacio, mejor en voz alta, pues la fe alcanza el corazón a través del oído. Debemos entender bien el sentido literal para acceder a la divina revelación. Esa frase que nos gusta, anotémosla y retengámosla en la memoria. A lo largo de la jornada volveremos sobre ella para exprimir todo su jugo. Esto es rumiar la Palabra. Esta rumia es lo que María hacía: conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior, Lc 2, 19.51. Este es el segundo paso de la lectio divina, la meditación. La Palabra ilumina nuestra vida y nos mueve al arrepentimiento, la petición de ayuda, la acción de gracias o la alabanza. Esto es orar, responder al Dios que nos ha hablado. El último momento de la lectio divina es la contemplación. Esta es don total de Dios. En ella el Espíritu transforma nuestro corazón a semejanza del de Cristo, y nosotros nos abandonamos a su acción y nos rendimos a la voluntad del Padre…

Pronto publicaremos el final de esta crónica.

Rafa Chavarría

Al amparo de María, Madre de la Palabra

La Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’ en Madrid comenzó sus actividades este curso en octubre con una convivencia en la parroquia de San Valentín y San Casimiro de Vicálvaro. Queríamos una jornada de acción de gracias por el curso que había terminado, de invocar al Espíritu cara al curso que comenzábamos y de fraternidad para estrechar lazos entre todos los que gustamos de profundizar en el conocimiento de la Biblia y de escuchar al Dios que nos habla en su Palabra. Nos reunimos en la capilla del Santísimo. Queríamos aprender de María, Madre de la Palabra, a escuchar, meditar, orar y contemplar, a practicar una lectio divina que convierta nuestros corazones, reavive nuestra fraternidad y relance nuestro compromiso con el Reino. Así, pues, escuchamos la proclamación de Lucas 1, 26-38.

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La Palabra de Dios viene a María por boca del ángel Gabriel, como a nosotros nos llega por la lectura de la Biblia. María escuchó y dialogó con el ángel, intentando averiguar el significado de sus palabras y lo que suponían para ella. María leyó y meditó la Palabra. Su oración, su respuesta al Dios que le había hablado, fue breve: Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho. Después el ángel la dejó y ella quedó sumida en la contemplación del misterio que el Altísimo realizaba en ella bajo la sombra del Espíritu. Días después se puso en camino hacia Judea. Así, iniciaba, movida por el Espíritu, su particular servicio a la Palabra tal y como deseaba el Padre.

Cada cual releyó el texto en silencio, dejando que el Espíritu le revelara el mensaje que Dios quería comunicarle en ese momento concreto de su vida. Después compartimos en voz alta nuestra meditación y alabamos, agradecimos y pusimos en manos de la Madre de la Palabra nuestras inquietudes, para que las presentara al Padre por medio de su Hijo. El párroco, nuestro anfitrión, nos exhortó a perseverar en la escucha de la Palabra y a vivir de ella. Nos invitó a rezar a una y en comunión con toda la Iglesia la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro, que estás en los cielos… E impartió la bendición.

??????????El día estaba desapacible. No se podía comer en los jardines de la parroquia, según estaba programado. Así que convertimos el salón parroquial en comedor. En el jardín solo se pudo asar la carne en una barbacoa protegida por un tejadillo. Ya se sabe lo que son estas comidas. Todo el mundo aporta generosamente ingentes cantidades de viandas y bebidas de todo tipo. Comimos en un ambiente de distendida alegría, que nos permitió conocernos a todos un poco mejor. Quiero apuntar un pequeño detalle. No sé a quien se le ocurrió, pero la tarta que sirvió a los postres era verdaderamente original. Se trataba de una tarta con la forma de una Biblia abierta en la que leía, escrito con chocolate: Si me amáis cumpliréis mis mandamientos. El Espíritu de la verdad vive en vosotros y está en medio de vosotros. El que me ama de verdad se mantendrá fiel a mi mensaje. No viváis angustiados ni tengáis miedo, Jn 14.

Llegó la hora del café y de evaluar el curso anterior y aportar sugerencias para mejor progresar en el conocimiento bíblico y la lectio divina. Constatamos que el curso nos había ayudado a interesarnos por la Biblia y a leerla con frecuencia. Habíamos superado las naturales prevenciones a leer y comprender unos libros tan alejados de nuestra cultura. Pero nos habíamos dejado llevar por el apetito de conocimiento y habíamos descuidado la lectio divina. Hay que recordar que la EscAByC pretende que nos familiaricemos con la Biblia para comprender la Palabra y dejarnos transformar por su poder. Nuestras sesiones tienen dos partes. La primera es una catequesis bíblica en la que echamos un vistazo general a un grupo de libros: Pentateuco, Profetas, Evangelios sinópticos, Cartas paulinas, etc. La segunda parte de cada sesión la dedicamos a la oración bíblica, a la lectio divina. Como la metodología de la catequesis es interactiva, escuchamos, preguntamos, aclaramos, y, además, se revisa el trabajo personal realizado por cada uno en su casa, no solía quedar tiempo para la lectio divina. Este curso no dejaremos que esto ocurra. Nos tomaremos con calma la catequesis y dedicaremos a la oración bíblica el tiempo necesario.

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La jornada transcurría según el programa. Había llegado la hora del cine. Vimos la película francesa ‘Intocable’, en la que un multimillonario paralítico contrata como asistente personal a un inmigrante de color procedente de los arrabales de París. Dos formas de ver y entender la vida. Dos maneras muy distintas de vivir. Dos culturas que logran respetarse, comprenderse y enriquecerse mutuamente. Esta sesión de cine no fue un puro divertimento. El párroco moderó un intercambio de impresiones y valoraciones, que podemos sintetizar diciendo que la película nos había transmitido esperanza y nos había devuelto la alegría de vivir. Con estos sentimientos acudimos a la iglesia, donde participamos en la Eucaristía, en la que agradecimos a Dios el don de su Palabra y el encuentro con los hermanos, compañeros de camino hacia el banquete definitivo en el Reino. Todo terminó con abrazos y besos, agradecimientos y el compromiso de orar unos por otros y ayudarnos mutuamente en nuestra ascensión por la escala de la lectio divina.

Rafa Chavarría

Mesopotamia, raíces de la cultura bíblica.

mesopotamia

Y sucedió que al emigrar desde oriente, encontraron una llanura en la región de Senaar y allí se asentaron. Entonces se dijeron unos a otros: Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos a fuego, Gn 11, 2-3. Así nos cuenta la Biblia los comienzos de la civilización mesopotámica en el actual Irak. Los clanes prehistóricos que habitaban las cuevas de los montes Zagros descubrieron los principios de la agricultura y bajaron hasta las llanuras aluviales de los ríos Tigris y Eufrates. Nacía la sociedad urbana. En el tercer milenio antes de Cristo, ciudades como Ur, Uruk, Lagash, Nippur… funcionaban ya a pleno rendimiento. En ellas se construía, se compraba y se vendía, se escribía, se estudiaba el álgebra, la geometría, la astronomía, se daba culto a los dioses, se legislaba, se resolvían conflictos en los tribunales de justicia… En suma, se vivía y se creaba cultura.

He tenido la ocasión de asomarme a la civilización mesopotámica en el Caixa Fórum de la Plaza de Atocha de Madrid. Allí pude apreciar objetos de todo tipo y ver vídeos de las excavaciones arqueológicas o que explicaban cómo se desarrollaba la vida de aquellas gentes. Las primeras vitrinas exponían anotaciones, bocetos, libros… de los arqueólogos de la primera hora, finales del siglo XIX y principios del XX. Descubrí la importancia que se daba a la ciudad y, por tanto, a la casa. La ciudad era el espacio humano, ordenado según las leyes de los dioses. Extramuros quedaba la naturaleza salvaje y hostil, morada de demonios y fantasmas.clavo de fundación La ciudad era un lugar seguro en el que los hombres podían desarrollarse como sociedad y rendir el debido culto a las divinidades. Muestra de todo ello son los numerosos planos y maquetas de templos, palacios y casas particulares que se han hallado en lo que hoy llamaríamos Registro de la Propiedad. La construcción era una tarea de suma importancia. Vi figuras que portaban sobre la cabeza el primer ladrillo de la casa, que se transportaba y colocaba según un ritual preciso y que daba fe escrita de las circunstancias de la construcción. Excavar los cimientos suponía adentrarse en el inframundo e incomodar a los seres que lo habitaban. Por eso se introducían en la excavación oraciones escritas en tablillas o en los llamados ‘clavos de fundación’, unos conos de arcilla cocida.

cuneiforme   gudea

Sigamos leyendo el Génesis: Vamos a edificar una ciudad y una torre, 11, 4. El edificio más sobresaliente de aquellas ciudades mesopotámicas era, sin duda, el zigurat. Esas torres que sobresalían por encima de las murallas. Edificios de varios pisos, cuya superficie disminuía a medida que se ganaba en altura. El último piso era el santuario de la divinidad local, al que se accedía por unas empinadas escaleras de cientos de peldaños. Los sumerios y los acadios, constructores de las ciudades y torres de las que estamos hablando, eran gentes religiosas. Parece ser que las imágenes de los dioses se tallaban en madera y luego se revestían con delicadas telas y metales y piedras preciosas. No se conservan, dado que la madera no se conserva en un clima tan húmedo como el de Mesopotamia. Sí han llegado hasta nosotros figuras esculpidas en diversas rocas, diríase exvotos, de hombres y mujeres en pie, con las manos unidas sobre el pecho, en oración. En el Caixa Fórum, la más sobresaliente era la del rey Gudea de Lagash. Me llamaron la atención algunas figuras masculinas que lucían largas y rizadas barbas, además de tirabuzones que les nacían de las sienes. Me evocaron a los actuales hashidim, esos judíos de votos que aparecen en todas las fotografías de Jerusalén.

Si os acercáis a esta muestra de la cultura mesopotámica del tercer milenio antes de Cristo, podréis ver numerosas tablillas de barro cocido escritas en caracteres cuneiformes, llamados así porque el elemento básico de esta escritura tenía forma de cuña. No era una escritura alfabética, como la nuestra, ni ideográfica, como la china. Cada uno de sus signos o letras se correspondía con una sílaba hablada. Era una escritura más simple que la de los chinos y algo más complicada que la nuestra. Los poemas de la Creación y del Diluvio, que inspiraron a los autores bíblicos, se escribieron con caracteres cuneiformes sobre tablillas de barro húmedo que se cocía después para fijarlos. También encontraréis recipientes de diversos tamaños, desde pequeños vasos hasta enormes ánforas de arcilla, por supuesto. Vosotras descubriréis collares, gargantillas y pendientes. Veréis esos sellos cilíndricos que, al rodarlos sobre el barro húmedo, dejaban una impronta personalizada, una auténtica firma. En fin, que podréis disfrutar de las raíces de la cultura del pueblo de la Biblia, para entender mejor la Palabra. Os recuerdo que la constitución dogmática del Concilio Vaticano II en su número 12 pone de relieve la importancia de interpretar las Escrituras teniendo en cuenta el contexto histórico y literario en que fueron escritas. Sin duda, nuestra comprensión del texto sagrado pasa por conocer la cultura mesopotámica, que tanta influencia ejerció sobre Israel. No hay que olvidar que el padre de Israel, Abrahán, nació a orillas del Eufrates, en la ciudad de Ur (cf. Gn 11, 27-32).

Rafa Chavarría

25 años de ministerio sacerdotal

Sta. Mª de La Redonda

El Padre Jesús, a quien los lectores de este blog conocéis porque ha publicado en él y porque lo hemos citado como Director del departamento de Teología y Liturgia de la EscAByC ‘San Pablo’, además de como Director espiritual de la asociación Spei Mater, celebró el pasado martes 4 de junio el aniversario de su ordenación sacerdotal. Ahora ejerce su ministerio en Madrid, pero fue ordenado hace 25 años en Logroño y sigue incardinado en la diócesis de Calahorra (La Rioja). Yo me uní a su fiesta de acción de gracias en Logroño. El sábado por la tarde presidió en la concatedral de La Redonda la misa de la Solemnidad del Corpus Christi. Un marco litúrgico muy adecuado para agradecer al Señor su gracia durante estos años. Agradecimos con él -y por él-familiares, amigos y algunos compañeros sacerdotes, que concelebraron. El día cuatro regresamos a la concatedral los que teníamos libre la mañana. El P. Jesús presidió de nuevo la eucaristía en la Capilla de los Ángeles. Una celebración íntima de acción de gracias, aunque la Capilla estaba llena.

Puede afirmarse que las homilías de esas dos misas, fueron sentidas. La del día cuatro tuvo más carga emotiva que la del sábado. Hizo memoria de sus inquietudes en esa edad en la que todos indagamos sobre nosotros mismos y el sentido de nuestra vida. Compartió cómo asumió responsablemente la fe que había recibido de sus mayores y el Espíritu del Padre y del Hijo, recibido en el bautismo, se convirtió en verdadero Señor de su vida. Este mismo Espíritu empezó a agitarle y le reveló la voluntad del Padre: ser icono para la Iglesia y la humanidad de la presencia viva y salvadora de Jesucristo, sacerdote único. No fue fácil decir que sí. Como María, el joven Jesús no se sentía capaz de asumir semejante vocación, y oró y consultó a personas discretas. Llegó el día del sosiego, de la certeza, de la entrega: Hágase en mí según tu palabra. Estudió en el seminario de Toledo los correspondientes cursos de Filosofía y Teología, con el esfuerzo, la generosidad y la confianza del que sabe que su fuerza es el Espíritu del Señor. (Más adelante se especializaría en Liturgia y Espiritualidad). Amaneció el día 4 de junio de 1988 y recibió el Espíritu Santo en orden al ministerio por la imposición de manos y la oración consecratoria del obispo, que también ungió sus manos con el santo crisma.

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El P. Jesús fue enviado a anunciar el Evangelio, santificar y pastorear las comunidades del Valle de Ocón (La Rioja). Años más tarde viajó a Querétaro (México), donde fue director espiritual en un colegio de los Hermanos Maristas y recorrió los ranchos de la sierra, ejerciendo su ministerio entre los olvidados. Más adelante recaló en Madrid. Primero sirvió en Ciudad Lineal y después en Vicálvaro. Hoy es capellán de la comunidad de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada de Cachito de Cielo. Está comprometido con la causa del Evangelio de la vida, sirviendo como director espiritual a la asociación pública de fieles Spei Mater, y coopera con la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’. 25 años entretejidos de obediencia al Padre en permanente actitud de discernimiento, de íntimos coloquios con el Señor Jesús en compañía de su Madre Santísima, de vivir animado por el Espíritu de la verdad y del amor, energía divina para el servicio de la Palabra y la santificación. 25 años de servicio a la Iglesia, escuchando a unos y a otros, animando a los desalentados, partiendo y repartiendo el pan de la Palabra y el pan eucarístico, comunicando el perdón del Padre y su abrazo reconfortante y su beso cariñoso, construyendo comunidades de fe, esperanza y amor, atendiendo las necesidades básicas de muchos… desgastándose, en fin, para alabanza del Dios Trinidad y salvación de todos.

La vocación sacerdotal es una gracia para el que la recibe, y una responsabilidad. También lo es para la Iglesia, para nosotros, que debemos valorarla, agradecerla y pedirla al dueño de la mies. El aniversario del P. Jesús es una ocasión para el agradecimiento. Pero podemos interpretarlo también como una invitación, en el contexto del año en el que recordamos la apertura del Concilio Vaticano II, a releer el número 28 de la Constitución Lumen Gentium. Y podríamos meditar el número 34, en el que se afirma que Cristo Jesús, supremo y eterno Sacerdote hace partícipes de su oficio sacerdotal a todos los bautizados, con el fin de que ejerzan el culto espiritual para gloria de Dios y salvación de los hombres. Finalmente, hemos de hacernos eco de las palabras de Jesús, que, viendo al gentío, le dio lástima de ellos, porque andaban maltrechos y derrengados como ovejas sin pastor, dijo a sus discípulos: ‘La mies es abundante y los braceros pocos; por eso rogad al dueño que mande braceros a su mies’, Mt 9, 36-38.

Termino con una invitación. El P. Jesús ha celebrado en Logroño su aniversario, pero es obligado que también lo celebre en Madrid. El próximo sábado, día 8, en la Parroquia de Santa Bárbara (Pza. de las Salesas) y a las 20:00 horas, el P. Jesús presidirá una nueva misa de acción de gracias. Haceos eco de esta invitación y uníos a la fiesta. Y, sobre todo, orad para que el Padre por el Hijo en el Espíritu siga bendiciendo al P. Jesús y su servicio en la Iglesia.

Rafa Chavarría

Impresiones ante el Papa Francisco

Ayer tarde participaba en la eucaristía de la parroquia, cuando, acabada la proclamación del Evangelio, el sacristán entró en la iglesia como un poseso: Habemus papam, gritó. Sorpresa general. El párroco, que presidía la celebración, explicó que le había pedido que estuviese pendiente de las noticias y le pidió que tocara las campanas para expresar la alegría y la acción de gracias de la comunidad parroquial. El sacristán fue a cumplir su cometido y el párroco prescindió de la homilía. La asamblea se sumió en un profundo silencio durante algunos minutos. Supongo que todos nos sentíamos conmocionados y deseosos de saber quién era el nuevo pontífice. No dudo de que cada cual oraba a su manera.

Después de la misa volví a casa y encendí la televisión. Aún no se había abierto el balcón en el que las miradas de casi todo el mundo estaban clavadas con expectación. Al fin se oyeron las palabras del cardenal Tauran: Habemus papam. Al oír el apellido supuse que el elegido era italiano, pero enseguida los comentaristas de televisión aclararon que se trataba del arzobispo de Buenos Aires. Me sonreí porque el Espíritu nos había sorprendido una vez más. Y allí estaba el Papa Francisco. Un poco serio al principio, pero relajado en cuanto entró en contacto visual con los fieles que se apiñaban en la plaza de San Pedro y les saludó como si se cruzara con ellos en el metro: Buona sera.

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Lo primero que nos descubrió el pontífice fue su sentido del humor. Nos dijo que sus hermanos cardenales le habían ido a buscar al fin del mundo, y todos nos reímos a gusto. Después nos invitó a orar por Benedicto XVI. Y toda la Iglesia rezó con él un padrenuestro, un avemaría y un gloria. Oraciones comunes, sencillas, esenciales. Hay que tomarse la vida con humor, sin hacer dramas, con la confianza puesta en el Señor de la Historia, con el que nos mantenemos unidos mediante la oración y nos anima desde dentro por su Espíritu y nos envía a evangelizar el mundo en el que nos ha tocado vivir.

Me llamó la atención que el Papa Francisco se refiriera a sí mismo como Obispo de Roma, iglesia que preside en la caridad a todas las iglesias, y no se dirigiera a los fieles todos sino tan solo a sus diocesanos romanos. ¿Quería subrayar el valor de la unidad de la Iglesia sin conflicto con la diversidad particular? Quizá era una forma de destacar la colegialidad de los obispos y de llamar a todos ellos a la corresponsabilidad en el gobierno de la Iglesia. Puede que el diálogo ecuménico tenga que hacerse con el oído atento a la oración de Jesús, Ut unum sint (que sean uno), y buscando el camino de la unidad entre todos los cristianos sin prejuicios de ningún tipo.

Antes de impartir la bendición universal, el nuevo Obispo de Roma nos pidió que oráramos para que él mismo fuera bendecido. Se inclinó ante los fieles, que oramos en silencio. Recordé las palabras de San Agustín a sus diocesanos de Hipona: Con vosotros soy cristiano y para vosotros, obispo. Comunión en la fe, la oración, el amor. Necesidad de la cooperación de todos, no importa que se sea clérigo, consagrado o laico. La Iglesia es Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo, todos compartiendo la misma dignidad de hijos y cada cual con su vocación específica para el bien de todos. Un sucesor de Pedro sin más poder que su fe, su permanente escucha de la Palabra, su oración continua, su actitud de disponibilidad y servicio, su abandono confiado al Espíritu del Señor.

Estas fueron mis primeras impresiones ante el nuevo Obispo de Roma. Ahora nos contarán su biografía, nos hablarán de su carácter y hasta leeremos los libros que tenga publicados. Iremos viendo lo que el Espíritu quiere de nosotros por medio de su siervo Francisco. Humor, oración, igualdad y diversidad, búsqueda humilde de la unidad, servicio mutuo, evangelización. Temas para interiorizar en frecuentes ratos de oración en comunión con la Iglesia toda que hoy agradece al Dios Trinidad le haya regalado un nuevo pastor según su voluntad.

Rafa Chavarría

IMG-20130307-WA0000Periplo andaluz de Spei Mater

Esperaba un día primaveral en Cádiz, sin embargo encontré un temporal de lluvia, viento y fuerte oleaje. Incluso leí en un periódico local que había riesgo de tsumani. Una hipérbole, sin duda. María José Mansilla, presidenta de Spei Mater (www.speimater.com), y yo, que soy algo así como el director espiritual de la asociación, llegamos a la tacita de plata el mediodía del pasado miércoles 6 de marzo. Nos había invitado la Delegación de Familia y Vida de la diócesis para presentar el proyecto Raquel. Pasamos aquella tarde en compañía de Emilio y Maribel, los coordinadores del evento. Desde este blog quiero expresarles mi agradecimiento por su entrañable acogida, propia de hermanos en el Señor.

 El jueves por la mañana fuimos al Palacio Episcopal. Se había convocado a los medios locales para una rueda de prensa. El padre Oscar, Delegado de Familia y Vida, nos presentó a los periodistas de radio, televisión y periódicos varios. María José explicó que Spei Mater es una asociación pública de fieles que sirve al Evangelio de la vida. Es decir, su trabajo es acción evangelizadora de la Iglesia misma. Por mi parte subrayé que tratamos de servir a la persona en cuanto tal, de sanarla íntegramente sin descuidar ninguna de sus dimensiones. La rueda de prensa apenas duró una media hora, y poco después nos encontramos con Pepe Pedregosa, que había llegado desde Sevilla en su propio coche.

Pasamos la tarde en la escuela de enfermeras Salus Infirmorum. Allí se reunieron más de treinta personas, muchas de los C.O.F. (Centros de orientación familiar). Matrimonios jóvenes sensibilizados y comprometidos con la defensa de la vida. De hecho, la diócesis de Cádiz es muy activa en este trabajo y tiene su propio proyecto de acompañamiento a las mujeres embarazadas, el Proyecto David. María José explicó que Raquel, con Effetá y Angel,  es uno de los tres proyectos que lleva adelante Spei Mater. El proyecto Raquel trata el síndrome postaborto, intenta sanar las heridas tanto psicológicas como espirituales de las mujeres que han abortado, desde el convencimiento de que el único Salvador es Jesús y solo él puede restaurar a la persona entera, consolarla, devolverle la paz y abrirla a una esperanza nueva.

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El viernes nos esperaban en Sevilla. Hicimos el viaje en el coche de Pepe, aunque no directamente. Nos pasamos por Jerez de la Frontera para visitar a un viejo amigo de María José, el padre Juan. Pepe Pedregosa ya había presentado el proyecto Raquel en Sevilla, así que ahora tocaba dar la capacitación. Nos reunimos con todos los interesados en el Hogar Sacerdotal. Había entre ellos varios sacerdotes. Abrió el encuentro un matrimonio que tenía a su cargo la dirección de la Delegación de Familia y Vida de Sevilla. María José presentó someramente los fundamentos del proyecto Raquel y las fases de su desarrollo. Yo apunté lo que podríamos llamar la espiritualidad, tanto bíblica como litúrgica, que anima nuestro trabajo. Los temas que esa tarde nos limitamos a enunciar, los desarrollamos en la medida de lo posible durante la mañana y la tarde del sábado.

En Spei Mater somos conscientes de que solo el contacto asiduo con el Señor Resucitado nos capacita para dar testimonio del Evangelio de la Vida, con nuestras palabras y la atención a las personas concretas. La sesión de la mañana del sábado concluyó con la celebración de la Eucaristía. No hubo homilía. Preferí que cada cual escuchara e interiorizara los textos de las Escrituras y las palabras y gestos de la Iglesia que nos sumergen en la misma Pascua de Jesús. La tarde -y el evento- terminó a los pies del Pan de Vida expuesto a nuestra contemplación. Escuchamos la proclamación de Lc, 8, 41-48, donde Jesús se nos revela como fuente de toda salud. Se leyeron un par de cartas escritas por mujeres que pasaron por un aborto provocado. Eran testimonios emotivos en los que se entreveraban el dolor y la esperanza. Rezamos las letanías por la vida e invocamos a María, aurora del mundo nuevo: Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la Vida. Tomé la custodia e impartí la bendición.

Escribo esta crónica en el A.V.E. María José y yo regresamos contentos a Madrid. Nos sabemos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer, pero se nos ha concedido la gracia de entrar en contacto con muchas personas que creen en Jesús, Señor y único Salvador, y se sienten movidos por el Espíritu a difundir el Evangelio de la Vida y la Misericordia. Por esto estamos contentos, y reconocemos: Digno eres, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque creaste el universo y por tu voluntad fue creado y existió, Ap 4, 11. Nos sentimos agradecidos con los Delegados de Familia y Vida de las diócesis de Cádiz y Sevilla, y con todos los que han participado en estos encuentros. Oramos con ellos y por ellos, para que por su medio el Evangelio de la Vida y de la Misericordia llegue a muchos.

P. Jesús

virgen_macarenaBiblia y fe en Sevilla

El pasado fin de semana se celebraron las primeras Jornadas Bíblicas de Sevilla. El evento tuvo lugar en la librería San Pablo de la calle Sierpes. Me gustaría escribir una crónica que os acercara toda la riqueza que recibimos esos días, pero no pretendo grandezas que superan mi capacidad. Yo me incorporé a las Jornadas para la primera conferencia de la tarde del sábado. Así que no podría contaros lo que se vivió la tarde del viernes y la mañana siguiente. Intentaré transmitiros mis impresiones directas.

Era mediodía cuando descendí del A.V.E. en Santa Justa. Me encaminé despacio hacia la librería. Estaba cerrada, pero delante de la puerta me esperaban Pepe Pedregosa y cuatro profesores de la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona. Ya nos conocíamos y, tras los amistosos abrazos propios del reencuentro, buscamos un restaurante donde comer. Escuché las impresiones de mis compañeros sobre la marcha de las Jornadas. Pepe, el organizador, estaba satisfecho de la respuesta de los sevillanos a la convocatoria. Los amigos de Barcelona habían llegado a Sevilla en avión aquella misma mañana. Eran cuatro, aunque solo Javier Velasco y Quique Fernández estaban comprometidos como conferenciantes. Javier había hablado de la fe de Moisés y Quique, de la fe en el libro de Jeremías.

Aquella tarde sería variada. La única conferencia corrió a cargo de D. José Gámez, al que Pepe Pedregosa presentó como historiador, liturgista, cofrade y persona muy conocida en Sevilla. D. José recorrió los diversos textos evangélicos en los que se cita a la Madre de Jesús. Nos mostró a una mujer muy humana y muy creyente, a la Madre de la fe. Lo hizo con una sabiduría tal que me sentí ante el testimonio de un verdadero creyente y un devoto amante de María Santísima. Además, habló con sencillez y gracia, haciéndonos asequible el misterio de la Madre de Dios y revelándose a sí mismo como un sevillano de raza. Y, que no se me olvide, D. José nos explicó lo mucho que significaba para su ciudad la figura de la Virgen, en su religiosidad, su cultura, su arte y su vida.

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Los pastores de la Iglesia sienten hoy el imperativo de abrir los tesoros de las Escrituras a todo el pueblo de Dios, y se preguntan cómo hacerlo. El profesor Javier Velasco con ocho colaboradores ha intentado responder a esa pregunta en su libro ‘La Palabra compartida’, que ha publicado la editorial San Pablo. Dado que él estaba en las Jornadas y también dos de los coautores del libro, Quique Fernández y Pepe Pedregosa, era la ocasión de presentar oficialmente en Sevilla ‘La Palabra compartida’. Los tres nos hablaron y supimos que cada colaborador había aportado sus particulares conocimientos y experiencias en torno a la animación bíblica. El libro nos enseña cómo entender la Biblia y el tradicional modo de escuchar la Palabra, la lectio divina. El que quiera iniciar un grupo bíblico encontrará allí pistas para su formación y desarrollo. También se recorren diversos documentos en torno a la Palabra en la Iglesia, desde la Dei Verbum hasta la Verbum Domini. Me pareció significativa la reivindicación que hicieron los autores de la presencia de la Palabra en todo grupo eclesial, de modo que todo grupo en la Iglesia debe tener carácter bíblico, porque la Iglesia nutre con la Palabra su oración, su reflexión, su apostolado y toda su vida.

Montesinos

El día había sido largo, aunque muy enriquecedor. Salimos a estirar las piernas y a tomar un café. Serían las ocho y media cuando nos volvimos a reunir en la librería San Pablo. Había poca luz, la suficiente como para no tropezar con las sillas. Se había creado un ambiente propicio para la oración. José Manuel Montesinos y Paqui Alonso cantaron canciones místicas con acompañamiento de guitarra. Ellos componen música para textos de Juan de la Cruz, Juan de Avila, Celeste Crostarosa, etc. Escuchamos su interpretación de algunas canciones de su último disco ‘Huerto Cerrado’: Señor, hiéreme con la palabra de tu boca, hiéreme, con las miradas de tus ojos, hiéreme… Creo que será mejor proporcionaros el link donde podréis apreciar unas canciones que elevan el alma y dan testimonio de que es posible acceder a un orden de realidad que trasciende nuestros sentidos: http://trovador.ning.com/profile/JoseManuelMontesinos.

La mañana del domingo hablamos los profesores de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’. Yo expliqué la fe en los primeros cristianos. Me ceñí a los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles. Expliqué cómo la primera comunidad reconoce a Jesús vivo tras su crucifixión y, por la acción del Espíritu, es constituida en testigo hasta el confín de la tierra. Enumeré los diversos modos en que se realiza el testimonio, el contenido intelectual de la fe, el proceso de la fe y sus consecuencias. Las Jornadas terminaron con la conferencia sobre la fe de San Pablo, que corrió a cargo de Pepe Pedregosa. Entramos en los textos en los que el apóstol da testimonio de su encuentro con Jesús resucitado y descubrimos que San Pablo vivía centrado con todo su ser en aquel que le había salido al encuentro en el camino.

Las primeras Jornadas Bíblicas de Sevilla ‘La Puerta de la Fe’ terminaron con el agradecimiento de Pepe Pedregosa a todos los participantes. Los que quisieron dejaron su dirección electrónica para que se les notificara los eventos que ya no faltarían en la librería San Pablo de la calle Sierpes. De hecho, desde hace un tiempo se reúne allí todos los lunes un grupo para estudiar la Biblia y orar la Palabra. Una vez al mes hay un cine fórum. Pepe, Coordinador de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’, dirige todas estas actividades. Yo no frecuentaré la librería, pero quedo a disposición de Pepe para lo que pueda servir, y supongo que mi oración sirve de momento.

Rafa Chavarría

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De océano a océano por Cachito de Cielo.

Hace frío en Madrid este sábado de carnaval. Son las ocho de la tarde, más bien noche, en la esquina de Barquillo y Fernando VI. El capellán de Cachito de Cielo, P. Jesús, con un grupo de gente esperamos la llegada del icono de la Virgen de Czestochowa. Las de Spei Mater charlan con los de Cuarenta días por la Vida, que acaban de integrarse en la asociación. Los jóvenes de Kerigma bromean con los de la Escuela Bíblica ‘San Pablo’. Al fin, un coche con remolque entra en la calle Barquillo. El icono de la Virgen va de pie en el remolque, rodeado de flores y protegido por una gran estructura de metacrilato. Vamos tras él. Se detiene en la esquina de la calle San Lucas y, con él, todo el tráfico. Se oye algún que otro claxon impaciente. Subimos la calle San Lucas portando el icono sobre los hombros, mientras entonamos alegres cantos en honor de la Virgen peregrina. Enfilamos la Travesía de Belén y entramos en Cachito de Cielo. La capilla está abarrotada. Las paredes tiemblan con las voces entusiastas de los creyentes que elevan su alabanza por medio de la Theótokos al Señor de la vida y del amor. El icono se instala en el presbiterio, bajo la imagen de San José. El P. Jesús, mirando a la multitud, nos dice que pasemos adelante todos los que podamos y que no nos importe sentarnos en el suelo. Así, con unos apretados en los bancos, otros de pie, algunos sentados en el suelo y muchos asomándose por la puerta de la capilla, comienza nuestra vigilia de oración y evangelización.

M. Margarita, superiora de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada que residen en Cachito de Cielo, nos recuerda el motivo que nos ha reunido:

El icono de la Virgen Negra de Czestochowa peregrina por el mundo ‘de océano a océano’, es decir, desde Vladisvotok en Rusia hasta Fátima en Portugal, y saltará el Atlántico para entrar en América la próxima primavera. Peregrina en defensa de la vida. Este icono es una fiel copia del que se haya en Czestochowa; de igual tamaño, ‘escrito’ respetando los cánones y métodos tradicionales de creación de los iconos. Representa a María como Virgen ‘hodigitria’, la que muestra el camino. En él, la Virgen dirige su atención fuera de ella, señalando con su mano derecha hacia Jesús, la fuente de la vida y de la salvación. La Virgen Madre protege la vida. Esta imagen se conoce y venera tanto en la Iglesia occidental como en la oriental. La copia que contemplamos fue bendecida en el santuario de Czestochowa el 28 de enero de 2012 por Monseñor Stanislaw Nowak.

Un grupo de laicos de varios países, conscientes de los violentos ataques que la vida sufre en nuestro siglo, iniciaron esta peregrinación con un solemne acto en el que recomendaron a la Virgen de Czestochowa la defensa de la vida y del amor. Esta peregrinación se realiza por primera vez de oriente a occidente. El 14 de junio de 2012 el icono llegó a Vadivostok en Rusia y tocó las orillas del Pacífico. Recorrerá en total dieciocho mil kilómetros y 23 países. Cruzó Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Letonia.     Lllegó a Polonia tras recorrer once mil kilómetros. Entró en Chequia y pasó por Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Eslovenia, Croacia, Italia, Liechtenstein, Suiza, Alemania, Bélgica, Gran Bretaña, Irlanda, Francia, hasta recalar en España.

Oraremos juntos con la Virgen para que se cumpla el Evangelio de la vida. Que se proteja la vida desde su concepción hasta su término natural.

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El P. Jesús ora poniendo palabras a las inquietudes de nuestros corazones: …Tú nos trajiste al autor de la vida… Acordaos de nosotros, Virgen y Madre, para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y el amor… Colocan bajo el icono una lámpara de barro con tres llamas que representan a todos aquellos que no se les ha dejado vivir antes de nacer, a aquellos que han perdido la vida violentamente y a todos a los que no se les ha permitido llegar a su fin natural.  Santa María, Madre de la vida, de Jesús, vida del mundo, ayúdanos a ser fecundos en la defensa de los más débiles. Escuchamos la Palabra: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas… Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios…, Ap, 11, 19ª; 12, 1.3-6a.10ab. Cantamos: De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir, Sal 44. Oímos la proclamación del relato del encuentro de María con Isabel en un pueblo de las montañas de Judá: Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: …“¡Bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!”…, Lc 1, 39-56. El P. Jesús nos llama la atención sobre el carnaval que vive la calle: Muchos se disfrazan, como poniendo de manifiesto su confusión y su desorientación, a la vez que gritan su deseo de ser diferentes. Se experimenta el vértigo del caos y de la nada. Se justifica la desesperación. Los que nos apretujamos a los pies de la Virgen de Czestochowa hemos acogido la verdad de Dios, el hombre y la historia, revelada en Jesús. Nos reconocemos criaturas e hijos amados del Padre, recreados por la sangre del Cordero y animados por el Espíritu para apreciar, vivir y anunciar el Evangelio de la vida y del amor. Hemos de ser simiente de verdad y misericordia, de vida y amor, en esa anticultura de la muerte que hoy exalta el carnaval.

Es el momento de elevar nuestra plegaria, lenta y confiadamente, sin ruido, como se alza el aroma de la ofrenda del incienso ante el trono de Dios. Recordamos al papa Benedicto XVI con toda la Iglesia y a los niños recién concebidos y a las madres que han abortado y a los matrimonios que tienen dificultades para concebir un hijo… y  a los que están involucrados en la obra de la vida. Pedimos al Señor de la vida nos escuche por tu encarnación y nacimiento…, porque resucitaste a Lázaro, a la hija de Jairo y al hijo de la viuda de Naín…, por tu pasión, muerte y resurrección...  Invocamos a la Madre del Cristo total: …tú, que dijiste ‘sí’…, que acogiste en Belén al Hijo de Dios…, que estuviste atenta a las necesidades de los hombres en Caná…, que recibiste a la Iglesia a los pies de la cruz, que acompañaste a los apóstoles orando en el cenáculo, que fuiste asunta al cielo… Tú, Madre de la Esperanza, intercede por nosotros. Nuestra plegaria concluye rezando todos con un solo corazón, una sola fe y una sola voz la oración por la vida que compusiera el papa Juan Pablo II: …Madre de los vivientes, a ti confiamos la causa de la vida: Mira, Madre, el número inmenso de niños a quienes se impide nacer, de pobres a quienes se hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad. Haz que quienes creen en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida…

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Hemos proclamado nuestra fe en el Señor de la vida y del amor, hemos escuchado su Palabra y, con su Madre y como Raquel en Ramá, hemos gritado suplicando que los trigales de la cultura de la misericordia y de la vida ganen terreno a los eriales de la desesperación y de la muerte. Ha llegado el momento de anunciar el Evangelio a nuestros vecinos. La Iglesia llama a algunos de nuestra asamblea y los envía a recorrer las calles y plazas aledañas de Cachito de Cielo con la misión de ser testigos del Evangelio de la vida y la misericordia, sirviendo a la Iglesia en esta noche evangelizadora por la vida. El P. Jesús nos exhorta a orar por estos misioneros que asumen la tarea de evangelizar esta noche y bendice un buen montón de rosarios, que se reparten entre todos. Recibimos la bendición con el Santísimo y los misioneros son enviados: Obedientes al mandato de Cristo y confiados en la gracia del Espíritu, id y anunciad el Evangelio a vuestros hermanos en nombre de la Iglesia. Y salen a la noche para encontrarse con la gente, anunciarles el Evangelio e invitarles a acercarse a esta capilla. Rezamos: Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes… Y, mientras nos acercamos despacio y con el corazón inflamado, a venerar el icono de la Virgen de Czestochowa, suenan las guitarras y cantan las gargantas de las chicas de Kerigma.

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Se apagan algunas luces y la capilla queda en penumbra. Unos regresan a sus casas. Otros se sientan y desgranan el rosario recién bendecido o releen las lecturas y oraciones de la vigilia. Hay quien acude al sacerdote para reconocerse pecador ante el Santo y acoger su misericordia en el sacramento. Todos nos sentimos un poco más cerca del trono de Dios y del Cordero después de haber contemplado el rostro de la que es Arca de la Nueva Alianza. Uno de los misioneros entra con una pareja que deja una vela encendida a los pies del icono. Parece que la evangelización de esta noche empieza a dar fruto. Las puertas de Cachito de Cielo permanecen abiertas todas las horas de todos los días del año. Hoy con mayor razón. El icono de la Virgen de Czestochowa permanecerá junto al Pan de Vida, expuesto permanentemente para la adoración, hasta primera hora de la mañana. Esta es una noche para abismarse en la contemplación de la sobreabundancia de vida y amor que rebosa el corazón de la Santa Trinidad, para abandonarse a la acogida cálida y tierna de la Todasanta, para responder al Señor de la vida y de la misericordia: Aquí estoy, mándame.

Rafa Chavarría

san pablo 2Ratzinger publica ‘La infancia de Jesús’

Una vez más la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’ tiene que agradecer a losreligiosos de la Sociedad de San Pablo y a Jaime, su gerente en la librería de la calle Alcalá, 387, su invitación a colaborar con ellos en las actividades evangelizadoras que desarrollan periódicamente en la citada librería. En esta ocasión respondimos a la invitación el P. Jesús, Director del área de Teología y Liturgia de la Escuela, y yo, que me encargo del área de Biblia, para presentar la trilogía sobre Jesús de Nazaret de Joseph Ratzinger, cuyo último volumen ‘La infancia de Jesús’ acaba de publicarse.

Yo me limité a dar razón de la autoridad teológica del autor. Sabemos que hoy es el papa Benedicto XVI, pero su trilogía no es obra de su magisterio pontificio, sino de su investigación teológica. El mismo Ratzinger nos descubre el nombre de los autores que leía en su juventud: Dostoievsky, Claudel, Bernanos, Romano Guardini… También nos dice que se interesaba por el personalismo de Buber y las teorías físicas de Planck y Eistein. Estudió en el seminario con profesores como Meier y Schmaus. Estudió la eclesiología de San Agustín para su tesis doctoral y trabajó sobre la revelación en San Buenaventura para obtener la capacitación como profesor. Participó en el Concilio como experto y cooperó con Rahner en la elaboración de uno de los esquemas sobre la divina revelación. Fue uno de los integrantes de la primera comisión teológica internacional, que creara Pablo VI, con Rahner, De Lubac, Von Balthasar… Subrayé que la obra de Ratzinger se fundamenta en su pasión por la verdad, en su comprensión de la revelación como diálogo histórico entre Dios y el hombre, en una fe madurada en el estudio de las Escrituras, los Padres, la vivencia litúrgica y su propio itinerario espiritual, y en la búsqueda de la respuesta creyente a los interrogantes que se plantea la ciencia, la filosofía y la cultura en general.

El P. Jesús nos explicó cómo la trilogía era fruto de un largo camino interior, según declara el mismo Ratzinger. El lector que busque en estos libros una cristología, es decir, una reflexión teológica sobre el misterio de Cristo, o una vida de Jesús en la que ofrezca una versión novelada de los evangelios, no encontrará lo que busca. Ratzinger nos propone su personal lectura de los evangelios siguiendo un método que él denomina hermenéutica de la fe. Pretende descubrir al Jesús del que dan testimonio los evangelistas, conocer su identidad y su obra. No distingue entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, porque Dios se revela en la historia, Jesús es revelación. Los evangelistas no son biógrafos, sino testigos que describen los acontecimientos de la vida de Jesús interpretados por las primeras comunidades, guiadas por el Espíritu, a la luz de la fe pascual y del Antiguo Testamento, entendido como profecía que se cumple en Jesús.

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Lo primero es el acontecimiento histórico. Ratzinger intenta recrearlo en la medida de lo posible, sirviéndose de los métodos histórico-críticos. Después lee el acontecimiento a la luz de toda la Escritura. Esta lectura unitaria es posible porque Dios es el autor principal de los libros sagrados, aunque comparte su autoría con el pueblo creyente y los hagiógrafos concretos que escriben. Dado que el Espíritu conduce a los discípulos de Jesús a la verdad completa (cf. Jn 16, 13) sobre su identidad, el significado de sus palabras y el sentido de su obra, Ratzinger se sirve de las aportaciones de la larga tradición eclesial, especialmente atiende a los Padres de la Iglesia, para interpretar los textos evangélicos. La Iglesia no solo reconoce en el acontecimiento Jesús la revelación, sino que también lo celebra. Por eso nuestro autor ilumina el objeto de su estudio con la luz de la experiencia litúrgica de la Iglesia, en la que se incluye la suya propia. Ratzinger es alguien que ha creído en el Evangelio y mantiene un diálogo personal con el Viviente, de modo que puede hablar de lo que ha visto y oído (cf. 1Jn 1, 1). Por eso no resulta extraño que se encuentren diseminados por las páginas de la trilogía diversos testimonios personales que aportan una particular luz para interpretar el acontecimiento Jesús.

El P. Jesús resumió su exposición diciendo que Ratzinger ha intentado escuchar a ese Jesús concreto del que dan testimonio los evangelistas y, por eso, pretende con sus libros provocar un encuentro entre el lector y el Jesús que vive, despertar la fe o profundizar en ella. El P. Jesús terminó subrayando que no hay otro modo de encontrarse con Dios y conocer sus planes más que teniendo los ojos bien abiertos, viendo los sucesos de nuestra biografía y los de la historia que nos envuelve e interpretándolos según el Espíritu que los escribe, el mismo que animó a los escritores del Antiguo y del Nuevo Testamento y guía a la Iglesia hacia la verdad plena y la definitiva visión de Dios (1Jn 3, 2).

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Nosotros no teníamos más que decir. Nos hubiera gustado entablar un diálogo activo con los que participaban en aquella presentación de la trilogía de Ratzinger sobre Jesús, pero ellos se limitaron a dejarnos hablar. Eso sí, cuando declaramos que por nuestra parte aquel acto había acabado, salieron a la luz las preguntas que llevaban flotando en el aire desde hacía días por obra y gracia de los mass media. ¿Qué pasa con el buey y la mula?  ¿Alguno de los magos era andaluz? Hubo que volver sobre la hermenéutica de la fe. Los evangelistas no sitúan ni buey ni mula en el lugar del nacimiento de Jesús, pero la tradición cristiana, a la luz de toda la Escritura, los coloca allí como símbolo de la humanidad (cf. Is 1, 3). En cuanto a los magos, Mateo dice que procedían de oriente, y Andalucía hasta el día de hoy está al oeste del país de Jesús. A la luz de las profecías universalistas (cf. Sal 72, 10; Is 60) que contemplan a todos los reyes de oriente y occidente rindiendo homenaje al Mesías de Israel, la tradición ha visto en estos magos a representantes de todos los pueblos, del este y del poniente, de Babilonia, sita en el actual Irak, y de Tarsis (cf. Jon 1, 3), ciudad allende el mar occidental hacia donde pretendía huir Jonás y capital del pueblo tartesio, extendido por la actual Andalucía. Pero los magos también representan a todas las razas, de ahí el etíope Baltasar, y a las tres edades del hombre, por eso Melchor es un canoso anciano, el rubio Gaspar, un príncipe en la plenitud de sus fuerzas y Baltasar, un mozalbete barbilampiño. Lo importante nos son los detallitos, sino lo que Dios nos revela de sí mismo y de sus planes salvíficos: La humanidad, que no oye ni ve ni entiende a Dios, recibe en su misma carne al Hijo, que llama a la conversión e invita a entrar en su reino a todos, no importa su nación ni su raza ni su edad. Quedémonos con el kerigma: ¡Jesús es el Señor! Sí, ese mismo Jesús que fue niño en Belén, mozo en Nazaret, reconocido maestro en Galilea y crucificado en Jerusalén, es el Señor de Israel, de la humanidad y del Cosmos.

Rafa Chavarría

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¡Salve, Virgen Inmaculada,

regazo del Dios que se encarna!

La noche del día siete  se celebraron en muchos lugares vigilias de oración en honor de la Inmaculada Concepción, como en la catedral de la Almudena de Madrid. La mañana de la solemnidad, Benedicto XVI rindió homenaje a la Virgen en la plaza de España de Roma. Las misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada también quisieron unirse a esta alabanza universal al Poderoso por las grandes obras que ha realizado en su esclava. Muchos nos unimos a las Misioneras en su capilla de Cachito de Cielo para loar a la Inmaculada.

La superiora de las Misioneras introdujo la celebración: En el atardecer de este día nos reunimos para cantar las alabanzas a la Inmaculada. Por ser inmaculada, sin mancha, ella es madre de todos los creyentes y nos trae la Luz al mundo. Por ello comenzamos esta liturgia encendiendo la Lámpara de la Fe. Continuaremos con el canto del Akáthistos y terminaremos con la bendición del Santísimo que es la luz que disipa toda oscuridad. Y se encendió un quinqué al tiempo que cantábamos: El Señor es mi luz y mi salvación. El P. Jesús, capellán de Cachito de Cielo, oró en nombre de todos: … al encender la Lámpara de la Fe, nos esforcemos por imitar a la Inmaculada Concepción que gustosamente celebramos

La celebración transcurrió según el orden que se había indicado en la monición de entrada. Después de encender la Lámpara de la Fe, escuchamos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, alusivos al misterio de la Virgen Inmaculada, y rezamos el Akáthistos. Este es un himno procedente de Constantinopla. Los bárbaros sitiaron la capital del imperio oriental y los cristianos elevaron sus plegarias a la Madre de Dios, confiados en que tan poderosa intercesora conseguiría librarles del asedio. Constantinopla resistió y la Iglesia, agradecida, compuso un himno de acción de gracias que canta el misterio de la maternidad divina. El Akáthistos tiene dos partes, que nosotros rezamos intercalando el canto de las estrofas del el Magníficat.

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La primera parte del Akáthistos relee poéticamente las narraciones de los evangelios de la infancia. En primer lugar, canta el angélico anuncio y la respuesta de la Virgen de Nazaret: Tu mensaje es arcano a mi oído… Después contemplamos cómo la Virtud de lo alto la cubrió con su sombra e hizo Madre a la esposa inviolable. Seguimos a una presurosa María hasta la casa de su prima Isabel y nos asomamos al corazón de el prudente José, inundado de dudas. También oímos los angélicos coros y acudimos con los pastores a ver al Cordero inocente que del pecho materno se nutre. Acompañamos a los magos que seguían una estrella que los condujo ante el Rey poderoso. Finalmente, admiramos con Simeón el arcano designio, que el Dios poderoso se presentara cual niño. El himno responde a cada pasaje evangélico con aleluyas y saludos exultantes a la Madre de Dios: Salve, celeste escalera que Dios ha bajado; salve, oh Madre del Sol sin ocaso; salve, oh tierra por Dios prometida; etc.

Después de un ratito de silencio en el que pudimos volver sobre aquellos versos que más nos habían impactado, seguimos rezando la segunda parte del Akáthistos. Recorrimos el misterio de la encarnación de la Palabra para la salvación de todos con un lenguaje más abstracto que en la primera parte, más dogmático. El Altísimo vino a la tierra con la humilde semblanza de un pobre. Habitaba en la tierra y llenaba los cielos la Palabra de Dios infinita. Por salvar todo el orbe, el Divino Alfarero hasta el mundo bajó, porque quiso. También proclamamos la divina maternidad virginal de María, la Toda Santa. Germinando en un seno incorrupto lo conserva intacto cual era. Oradores brillantes, como peces se callan ante ti, Santa Madre del Verbo. Cómo ha sido posible no entienden, ser tu virgen después de ser madre. Reconocimos a la Madre Santa del Verbo, digna de toda loa, y le invocamos: Nuestra ofrenda recibe en el canto; salva al mundo de todo peligro. También aclamamos una y otra vez ¡aleluya!, y saludamos a la Virgen María: Salve, azucena de intacta belleza; salve, oh rayo del Sol verdadero; salve, mansión que contiene al Inmenso; salve, por ti Dios abrió el Paraíso; etc.

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Guardamos unos minutos de silencio para dejar que resonaran en nuestros corazones tantas maravillas, pues solo una fe viva y contemplativa puede asimilar una pizca del misterio de la Encarnación y de la maternidad divina. El silencio se quebró cuando se leyó un texto de la Encíclica Ecclesia de Eucharistia de Juan Pablo II: Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: ‘no dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo’.  Caímos de rodillas ante el Pan de la Vida y cantamos: Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar y la Virgen concebida sin pecado original. Recibimos la bendición, y nos pusimos en pie. El Adviento nos muestra a María, en cuyo seno se va gestando el Hijo de Dios encarnado, como la Nueva Arca de la Alianza, la toda llena de la divina presencia. Así pues, volvimos nuestras miradas a la imagen de la Inmaculada y, al tiempo que el P. Jesús la incensaba, cantamos la Salve Regina. Terminamos aquella Loa a la Inmaculada con una oración que recogía todo el misterio que habíamos celebrado, nuestro gozo y nuestras esperanzas, y con unas palabras de ánimo de la fundadora de las Misioneras, M. Mª Riquelme: María Inmaculada es nuestro todo después de Dios. La sola verdadera defensa es Dios y su Madre… ánimo, a luchar por Dios y por la Virgen Purísima.

Rafa Chavarría

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Adviento: Arpegios de esperanza.

El sábado me acerqué a las Salesas Reales – Iglesia de Sta. Bárbara (Madrid). Sabía que allí  iba a celebrarse un concierto: El Canto de la Sibila. Música mariana y cantos proféticos en torno a la Navidad. La música es el arte que mejor comunica las emociones. Nos envuelve y, si nos dejamos llevar, nos transforma en una caja emocional de resonancias. El Adviento había comenzado a la caída del sol y yo quería empaparme de su espíritu. Deseaba sentir la expectación de la Iglesia y convertirme yo mismo en pura expectación, libre de todo pensamiento filosófico o teológico. A las ocho y veinte entraba en el magnífico templo dieciochesco, que ya estaba prácticamente lleno, y me acomodé en el primer asiento libre que encontré.

Carles Magraner llevaba la batuta. Cantó el Cor de la Generalitat valenciana, con sus correspondientes sopranos y altos, tenores y barítonos. La Capella de Ministrers no era una orquesta sinfónica, sino una agrupación de músicos rescatada de las brumas del Medioevo. Sus instrumentos eran copias de los que tañen los Ángeles del altar mayor de la catedral de Valencia: Chirimías y flautas varias, vihuela de arco y laúd, cítola y zanfoña, salterio, campanas, atambores… Según el programa, el concierto tendría dos partes. La primera llevaba por título Música Angélica  y la segunda, Canto de la Sibila. Director, cantantes e instrumentistas se colocaron en su lugar sobre el presbiterio. Hubo aplausos corteses y, después, el silencio.

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Una música colorista, de ritmo alegre y timbres exóticos para un oído de comienzos del segundo milenio, inundó el templo. La solista, Pilar Esteban, cantó con una alegría contenida, a la que respondía el coro con una exultación sin ataduras. Se alabó a Santa María con Cantigas del rey Alfonso X y se cantaron sus gozos con esas deliciosas cancioncillas marianas que se conservan en el Llibre Vermell de Montserrat. Sentí también el llanto de María, Ay, trista vida corporal, que era anhelo y esperanza de una vida definitiva junto a su Hijo en el cielo. El público aplaudía entre canción y canción, no podía esperar a que terminase aquella Música Angélica, tan entusiasmado estaba.

Unos minutos de descanso, y oí cantar el Puer natus est nobis, pero no veía a los cantantes. Las voces graves del coro sonaban detrás de mí y por encima de mi cabeza. Era una proclamación solemne que nos llegaba desde el coro alto. Cerré los ojos y me dejé envolver por el anuncio profético. Estaba sintiendo el anhelo de aquel pueblo que confió desde Abrahán en la Palabra del Señor. Un nuevo canto, el Verbum caro factum est, el cumplimiento de las promesas a los padres. Las voces sonaban cerca. Abrí los ojos y vi a los que antes habían cantado en el coro alto avanzar procesionalmente por la vía sacra. Les precedía la Sibila, ataviada a imagen y semejanza de las sibilas que pintó Miguel Ángel en la capilla Sixtina. El Verbum caro terminó y cada cual fue a su lugar. La Sibila subió al púlpito del lado del Evangelio. Entonces me di cuenta de que la tal Sibila era un xiquet, un muchachillo. Supe después que era una de las voces blancas de la Escolanía de la Real Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados. Su nombre, José Escorihuela.

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La Sibila mantuvo un diálogo con el coro. Anunciaba a las naciones la inminente llegada del juez de todos con textos y música del Cancionero de Gandía. Dios se había revelado a Israel, pero la esperanza de salvación está gravada en todo corazón humano. Muchos aguardan un salvador. Ahí están los musulmanes, que esperan al Mahdi, o los hindúes, que aguardan la definitiva reencarnación de Visnú. Y en nuestra cultura occidental también se espera que los ideólogos, los políticos, los científicos e, incluso, los extraterrestres nos traigan la solución a todos nuestros problemas y sufrimientos. El Canto de la Sibila era un compendio de todas estas esperanzas, el clamor de la humanidad entera, lo que ponían de relieve los solemnes sones de los atambores. El último canto fue una alabanza jubilosa al Dios que da respuesta a toda expectativa humana: Te Deum laudamus…, y oímos el contenido de esa respuesta: Tu Patris sempiternus es Filius. Tu, ad liberandum suscepturus hominem, non horruisti Virginis uterum (Tú eres el Hijo único del Padre. Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen).

El público aplaudió y aplaudió y aplaudió. El director respondió a ese entusiasta reconocimiento con un bis que interpretó el xiquet, que seguía luciendo su look de Samarcanda. Aplausos finales, y el templo se fue vaciando poco a poco. Yo esperé un poco a salir. Me quedé mirando el cuadro que se alzaba sobre el altar mayor. Era la escena de Lc 1, 19-56. María, grávida de la Palabra, y su pariente Isabel, embarazada ya de seis meses. Una escena llena de saltos de gozo, plenitud de Espíritu Santo, felicitaciones alegres y versos de agradecimiento al único Dios y Salvador. ¿Hay mejor imagen del Adviento, que esas dos mujeres dichosas en su estado de buena esperanza? No hay concierto que mejor comunique las emociones del Adviento que ese diálogo jubiloso en el que Isabel canta: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!, a lo que María responde cantando con todo su ser: ¡Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador!

Para escuchar la música de la Capella de Ministrers entra en:       

Rafa Chavarría

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Llegué a Navalcarnero preguntándome qué podía aportar yo a un grupo de la Renovación Carismática. Nunca antes había estado en contacto con la Renovación. La animadora del grupo, Loli, se había puesto en contacto con la EscAByC ‘San Pablo’ y había solicitado que alguno de los profesores de la escuela les ayudara a profundizar en la Biblia. ¿Qué significaría aquello de ‘profundizar’? Y ahí estaba yo, entrando en la ermita de San Roque, la cual data del siglo XVI, según reza una placa clavada en su entrada. Me encontré con unas quince personas de diversas edades, pasaportes varios e, incluso, de razas distintas. O sea, que se estaba cumpliendo la Escritura: Partos y medos y Elamitas, habitantes de Mesopotamia…, Hch 2, 9-11. Se habían reunido para alabar al Dios que se les había revelado en Jesús, cosa que comprobé en seguida.

Una Biblia, sustentada por un atril, estaba abierta sobre el altar; la flanqueaban dos candeleros encendidos. Los hermanos rezaron, sentados, un misterio del Santo Rosario y en seguida se pusieron de pie y cantaron un himno tras otro al ritmo que marcaba la guitarra de Loli. Eran cantos alegres. Una vez terminado el canto, se volvía a repetir, hasta que solo quedaba el rasgueo de la guitarra, que se prolongaba sin límites. Entonces surgían de todas las gargantas alabanzas y súplicas y confesiones de fe. Eso sí, no había ningún orden. Allí no se respetaba ningún turno de intervención. Todos hablaban, susurraban o gritaban a la vez, según el Espíritu Santo les permitía expresarse, Hch 2, 4b. Y, cuando parecía oportuno, se comenzaba otro canto y se repetía la misma dinámica. No sé cuánto tiempo duró aquella incesante alabanza. Sí diré que si hubiera durado mucho más, yo me hubiera sentido muy a gusto. Pero todavía no estamos en la eternidad, así que llegó el momento del silencio y de pasar a la enseñanza.

Había llegado mi turno. Loli me pidió que me sentara. Obedecí, y todos los hermanos se me acercaron y colocaron sus manos sobre mí. Oraron pidiendo que el Espíritu pusiera sus palabras en mi boca. Fue un momento intenso, en el que sentí la comunión de fe y amor con aquellos hermanos que acababa de conocer. Éramos en verdad ecclesiola pentecostal, una porción de la Iglesia nacida en Pentecostés. La oración en la Renovación no es solo una cacofonía de alabanzas, también es escucha de la Palabra. He dicho que se cantaron muchos cánticos. Lo que he omitido, y pido disculpas por ello, es que hubo un momento en que los cantos cesaron y se proclamó la Palabra. Santiago subió al ambón y abrió al azar su Biblia: 2Re 22, 1-2. Silencio. Cada cual daba vueltas en su corazón a lo que Dios le decía, como María (cf. Lc 2, 19.51b). Y varios compartieron que el Señor les invitaba a la fidelidad, a no desviarse ni a derecha ni a izquierda de sus mandatos. Yo recordé las palabras de Jesús en la sinagoga de Nazaret: Hoy, en presencia vuestra, se ha cumplido esta Escritura, Lc 4, 21. Así lo creí, y compartí mi convencimiento con los demás.

El capítulo 22 del libro de los reyes relata cómo, mientras se hacían obras en el templo, se descubrió el Libro de la Ley. El sumo sacerdote, Jelcías, entregó el libro a Safán, el cronista. Este lo leyó y se fue a ver al rey Josías: “El sacerdote Jelcías me ha dado un libro”. Safán lo leyó ante el rey, y cuando el rey oyó el contenido del Libro de la Ley, se rasgó las vestiduras y puso en marcha la renovación de todo el reino, el retorno al Dios de los padres y la reinstauración de la justicia según la Palabra escuchada. Esta conversión de Israel concluyó con una alegre fiesta, la celebración solemne de la Pascua en honor del Señor. Así nos habló Dios aquella tarde en la ermita de San Roque de Navalcarnero. El Espíritu había conducido al grupo hasta el Libro y había despertado en él un deseo fuerte de profundizar en su conocimiento, de interiorizar la Palabra hasta transformarse según la medida de Cristo y entrar a la presencia del Padre para agradecer, alabar y adorarle sin cesar.

Charlamos un rato de la Biblia. Cada cual compartió su experiencia de escucha y respuesta a la Palabra. Se habló de dificultades para entender ciertos pasajes, especialmente del Antiguo Testamento. Surgieron preguntas que intenté responder. Creo no equivocarme si digo que las ideas fuertes de nuestro coloquio fueron las siguientes: 1. Hemos de abrir la Biblia con fe, sabiendo que estamos en presencia y en contacto con Dios, que se nos da a sí mismo y nos revela su voluntad mediante su Palabra. 2. Leeremos olvidados de nosotros mismos, con el corazón abierto, sin prejuicios ni propósitos, atentos a lo que Dios quiera decirnos en ese preciso momento. 3. Intentaremos comprender las Escrituras en sintonía con el Espíritu por el que fueron escritas y en comunión con la Tradición de la Iglesia. 4. Responderemos a la Palabra con alabanzas, súplicas, adoración, según nos inspire el Santo Espíritu de Dios, y con una vida de fidelidad, testimonio y evangelización.

Finalmente, todos nos pusimos en pie, y agradecimos al Señor Dios nos hubiera clarificado algunas cuestiones respecto a la Biblia que nos inquietaban. Yo tenía la sensación de que aquel encuentro de Oración y Enseñanzas había sido guiado por Alguien con personalidad y nombre propio. Sobre el retablo de la ermita, pintada en la pared, una paloma extendía sus alas. Me pregunté por qué nuestra tradición occidental no nos ofrece una imagen del Espíritu Santo que remita con más facilidad a la divinidad y personalidad propia de la tercera persona de la Santa Trinidad. No era el momento de perderme en intentar recordar mis conocimientos de Historia del Arte, así que evoqué el icono de Rublev, tan significativo y tan de mi agrado. Me descendieron de aquella subida contemplación. Había llegado la hora de las despedidas. Agradecí y me agradecieron, si bien yo no había hecho más que moderar el diálogo del grupo e intentar aclarar algunas cuestiones que me plantearon. Diré, para terminar, que en la ermita de San Roque de Navalcarnero vi y oí cómo el Espíritu daba testimonio de que somos hijos de Dios, pues todos aquellos gestos, bailes, músicas, alabanzas, gritos, coloquios… no eran sino mil maneras de clamar Abba, Padre. (cf. Rom 8, 14-16).

Rafa Chavarría

Pesentación del libro “La Biblia compartida”

Fue Barcelona el primer lugar. Después Madrid. A continuación Roma, luego Tarragona y por fin en… Poco a poco se va presentando en distintos lugares. Así es, queridos cibernautas, ha salido a la luz un nuevo libro sobre la Biblia y sus autores lo van presentando en un lugar y otro: La Biblia compartida, editado por la Editorial San Pablo. Si me lo permitís, no es un libro más. Es un libro esperado e imprescindible para todos aquellos que deseamos que la Biblia sea la que anime toda la acción pastoral de la Iglesia. De eso, precisamente trata este libro. Una obra de tal envergadura era imposible que fuese realizada por una sola persona por lo que nos encontramos aquí con una obra “coral a nueve voces”, espléndidamente dirigida por Javier Velasco Arias. Nueve personas, de distintos lugares, con distintas sensibilidades y diversos campos de formación. Todos ellos, sin duda enamorados de la Palabra de Dios.

Justino Martínez. Misionero Comboniano, reside en Fortaleza (Brasil), desde allí nos habla de un sueño, de una iniciativa, de una realidad: “Despertar las semillas de la Palabra”. Todo aquel que pretenda crear un grupo bíblico o iniciarse en la animación bíblica no debería dejar pasar la oportunidad de leer este capítulo. Él nos enseña el método, pero sobre todo, nos enseña la labor cotidiana que debemos llevar a cabo para que la Palabra de Dios entusiasme, enamore contagie, transforme las personas, los grupos, las comunidades…

Frances Ramis por su parte analiza la importancia que tuvo el Concilio Vaticano II (recordemos que estamos en su 50 aniversario) y más concretamente de la constitución dogmática Dei Verbum en el desarrollo de los estudios bíblicos, en la animación bíblica, en el conocimiento de la Palabra de Dios. Subraya, además, la importancia de otros dos documentos de suma importancia en este proceso, La interpretación de la Sagrada escritura en la vida de la Iglesia, y la Exhortación postsinodal Verbum domini.

Javier Velasco. Nos quiere hacer caer en la cuenta de que nada es ajeno a la Palabra de Dios, puesto que ella está en el centro de toda la acción pastoral, si queremos que esta sea cristiana. Pedro Barrado nos introduce en un tema añejo y a la vez nuevo: La lectio divina. Nos guía en un recorrido por los orígenes, la historia y la importancia de la Lectura orante de la Palabra; iniciándonos en su práctica.

Quique Fernández. Una catequesis que no se sirva de la Palabra como fuente de inspiración, como lectura frecuente, como lugar de diálogo entre los catequizados y el Señor no sirve. Está es la tesis principal que nos esboza Quique en su capítulo. Pepe Pedregosa. Religioso paulino y experto en comunicación, aporta una serie de claves y pautas para el uso de algunos medios de comunicación en la animación bíblica.

Florencio Abajo, nos relata su experiencia personal en la Federación Bíblica Católica, la cual acoge múltiples iniciativas e instituciones de todo el mundo, relacionadas con el apostolado bíblico y la animación bíblica de la pastoral. Maria de l’Esperança Amil-Rocamora, nos habla del estado en el que se encuentran los estudios bíblicos o la investigación bíblica con respecto y en consonancia con las demás ramas del saber teológico. Defenderá la necesidad del componente pastoral en los estudios bíblico superiores.

Por último, y no por ello menos importantes, la profesora Nuria Calduch-Benages, nos introducirá en los dos momentos del único proceso interpretativo de la Sagrada Escritura: la exégesis y la hermenéutica. La investigación y la labor científica no pueden estar reñidas con una hermenéutica de actualización y popularización de los textos.

Por tanto, como podéis apreciar un libro completo, interdisciplinar y esencial. Sin olvidar el rigor científico, sus autores han pretendido sobre todo que sea un instrumento que ayude a acercar la Palabra de Dios a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Ahora solo queda que innumerables lectores se acerquen con pasión a esta obra que promete no defraudar.

Pepe Pedregosa

Spei Mater grita: ¡Ábrete a la misericordia y a la vida!

Ayer volví a la diócesis de Alcalá de Henares. Concretamente estuve en la parroquia de la Santa Cruz de Coslada. Spei Mater, la asociación pública de fieles al servicio del Evangelio de la vida que el pasado 19 de octubre fue presentada oficialmente por Monseñor Reig Pla en el palacio episcopal (lee la crónica del evento en esta misma página), comenzaba a trabajar. Unas treinta personas nos reunimos en una de las salas de la parroquia para participar en el primer encuentro del proyecto Effetá, ábrete. Sabíamos que el encuentro tendría cuatro actividades sucesivas: Shemá-Formación, Retazos de vida, Taller de ideas y Hallel-Oración.

Abrió el encuentro el párroco D. Miguel Ángel con palabras de bienvenida y votos de compromiso con Spei Mater para servir al Evangelio de la vida. A continuación comenzó nuestra formación. María José Mansilla, presidenta de la asociación, nos recordó que Spei Mater es una asociación pública de fieles, cuyos estatutos han sido aprobados por el obispo de Alcalá. No es una ONG ni un grupo de católicos, sino una obra de la Iglesia, de modo que donde Spei Mater trabaja está trabajando la Iglesia misma. La asociación lleva adelante tres proyectos. El proyecto Raquel, que sirve a las mujeres que han sufrido un aborto provocado. El proyecto Ángel, que trata de acompañar el drama de un embarazo no deseado. El proyecto Effetá, con el que se quiere sensibilizar a las parroquias del valor de la vida, de la importancia de la oración para oponerse eficazmente a la anticultura de la muerte y de la necesidad de que las parroquias sean comunidades de fraterna acogida para quienes han caminado por el abismo y se vuelven al Señor de la misericordia para vivir una vida nueva.

María José insistió en la importancia de la formación para quienes se sienten llamados a servir con especial dedicación al Evangelio de la vida. Hemos de abrir los ojos al genocidio con el sufrimiento que provoca y se han de reconocer las mentiras con las que la anticultura de la muerte se infiltra en nuestras mentes y nuestros corazones. Por ejemplo, los medios de comunicación social asocian el aborto y la eutanasia al progreso, la libertad y la compasión, obviando los sufrimientos físicos, psicológicos y espirituales que esas prácticas generan. Se han de conocer los datos, suficientemente contrastados, que nos aportan las ciencias, tales como la biología, la psicología y la estadística. Hay que conocer la verdad del ser humano que nos revela la Escritura y la Tradición: un ser precario llamado a una felicidad a la que solo puede acceder acogiendo el amor misericordioso de Dios manifestado en la muerte y resurrección de Jesús. María José concluyó su intervención enumerando los diversos módulos que estudiaremos en los próximos encuentros como Educación sexual hedonista y el auténtico sentido de la castidad o Cómo construir la cultura de la vida.

Pepe Pedregosa, experto en Comunicación y Mass Media, nos proyectó unos minutos de la película dirigida por Benito Zambrano ‘Solas’. Antes de la visualización, Pepe nos pidió que nos dejáramos envolver por las imágenes y los diálogos. Lo importante era dejarse impresionar y sentir, sin racionalizaciones precipitadas. Después ya indagaríamos los motivos de esos sentimientos. Vimos una mujer embarazada que se debatía entre abortar o seguir adelante con su embarazo. Habla con un pintoresco vecino. El corte termina en un cementerio, donde ella levanta a su niño recién nacido a la vista de su vecino. Hubo quien percibió en esa mujer unos sentimientos encontrados: esperanza, ilusión, temor. Se afirmó que esa confrontación de sentimientos los sufre cualquier mujer embarazada. Destacaron el diálogo entre la mujer y el vecino. Él está dispuesto a aceptar su decisión y a ayudarla en lo que pueda. Pero ella le dice que lo que verdaderamente quiere es que su vida pueda cambiar. Hubo quien interpretó que ella no quería más que se la escuchase y oír que la vida merece la pena a pesar de las dificultades. El cambio que la mujer desea va más allá de lo que puede ofrecer un grupo pro vida convencional, que solo puede acercarse a los aspectos físicos, psíquicos y sociales del drama. La persona tiene una dimensión espiritual que no se puede obviar y que solo sana el Dios Misericordia.

Paloma, vicepresidenta de Spei Mater, nos explicó los pasos necesarios para despertar en nuestras parroquias el deseo de comprometerse con la cultura de la vida. En primer lugar no se podía olvidar que nuestra tarea era obra de la Iglesia, por lo tanto habría que hablar con el párroco, responsable de la programación y de la acción pastoral en su parroquia. El párroco debe ser el primero en reconocer las amenazas que la vida sufre hoy y comprender que el trabajo en favor de la vida forma parte de sus responsabilidades pastorales. Solo así se implicará de un modo activo y animará a sus parroquianos a comprometerse con el Evangelio de la vida. Es imprescindible conocer bien nuestra parroquia para poder planificar correctamente nuestro trabajo. No es lo mismo que nuestra parroquia esté integrada por familias jóvenes o la mayoría de los parroquianos sean jubilados. Es posible que la oración en favor de la vida esté extendida entre los feligreses y hasta que haya algún grupo que esté ayudando a su manera a ciertas personas a superar sus particulares dramas. Habrá que planificar actividades concretas, pocas, pero que se lleven a cabo con seriedad y constancia. Puede ser suficiente introducir en la oración de los fieles de las misas alguna súplica al Señor de la vida, lo que será un comienzo de sensibilización. Finalmente, se tendrá que evaluar si los objetivos que nos propusimos se han cumplido, a fin de corregir lo necesario y de insistir en lo que haya sido satisfactorio.

La última actividad del programa era ‘Hallel-Oración’. Solo se puede ser misionero del Evangelio de la vida desde la alabanza y la adoración, la súplica y la conversión continua. Presidían la capilla sendos iconos, uno del Señor y otro de la Virgen de la ternura. D. Miguel Ángel presidió una vigilia de oración que había sido preparada por los hermanos de la parroquia de Sta. María de Alcalá. Arrodillados a los pies del Pan de Vida, oramos: …que todos los hombres, llamados a la vida temporal y eterna, por la fuerza del Espíritu, puedan confesarte Señor para gloria del Padre.  Cantamos al ritmo que marcaban las guitarras y escuchamos la Palabra: Escoge la vida, para que vivas, tu y tu descendencia, amando a Yahvé, tu Dios…, Dt 30, 9-19. Una cita de la Madre Teresa de Calcuta nos interpeló: ¿Nos damos cuenta de que nuestro, hijo, nuestro marido, nuestra esposa, nuestro padre, nuestra madre, nuestra hermana o hermano tienen necesidad del calor de nuestra mano? Levantamos nuestras súplicas por los profesionales de la sanidad; por las mujeres felizmente embarazadas, las que han abortado y las que han pensado en abortar; por los ancianos y los muy enfermos; por los niños que crecen en el vientre de sus madres; por todos los cristianos para que seamos firmes en la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Recibimos la bendición con el Santísimo, se nos entregó un rosario bendecido, cantamos a la Madre Buena y salimos de la parroquia de la Santa Cruz de Coslada con una misión: Llevad a todos el Evangelio de la Vida y de la Misericordia.

Rafa Chavarría

   

Spei Mater, al servicio del Evangelio de la vida

El viernes asistí a la presentación oficial de la asociación Spei Mater en el palacio episcopal de Alcalá de Henares. Unas treinta personas nos reunimos en torno al obispo diocesano, D. Juan Antonio Reig Pla. También estaba D. César, Delegado para la familia. María José Masilla, presidenta de la asociación, su hermana Paloma, vicepresidenta, y el P. Jesús, Director Espiritual, nos hablaron del carisma, los objetivos y los proyectos de Spei Mater. Después de un sencillo saludo a la Virgen María, D. Juan Antonio nos invitó a presentarnos. La mayoría representaban a las parroquias de Alcalá: Sta. María, S. Diego, S. Isidro… Hubo quien acudió a la cita desde Torrejón de Ardoz y desde Getafe. Algunos éramos de Madrid.

Spei Mater es una asociación pública de fieles que sirve a la cultura de la vida. D. Juan Antonio quiso que quedara claro el concepto ‘asociación pública de fieles’. Explicó que Spei Mater no es una ONG filantrópica ni una organización de creyentes sensibles por su fe ante los dramas que ha introducido en nuestra sociedad la anticultura de la muerte. Es una asociación de la Iglesia, que ha aprobado sus estatutos y asume como propios sus fines y sus actividades. Donde Spei Mater trabaja, la Iglesia como tal está sirviendo a la cultura de la vida. Hay que decir que Spei Mater es la primera asociación de estas características en España. Es necesario dar a conocer la asociación e integrarla en la pastoral parroquial, de modo que en las parroquias haya grupos de fe, oración y servicio a favor de la vida animados por los párrocos.

Se le dio la palabra a la presidenta de Spei Mater, que, desde su experiencia personal trabajando a pie de calle a favor de la cultura de la vida, deshizo diversos mitos sobre el aborto y denunció algunas actitudes que los católicos hemos asumido influidos por el dogma de lo ‘políticamente correcto’. Explicó la naturaleza y los fines de la asociación y describió sus proyectos concretos. María José afirmó que el aborto es un drama que afecta a mujeres casadas y solteras, nacionales e inmigrantes, de todas las edades, economías y nivel cultural. La mujer no toma la decisión de abortar tan libremente como se cree. Al vaivén emocional que sufre, se suma la presión interesada de la pareja, la familia, los médicos… El 91% de las mujeres que abortan sufre el llamado ‘síndrome postaborto’, aunque creamos que sienten la satisfacción de verse libres de una preocupación importante.

En primera instancia, el aborto es consecuencia de una vida sinsentido y de soledad, en la que tiene una gran responsabilidad el entorno familiar y social de la mujer. En última instancia, el drama del aborto tiene su origen en la ausencia de Dios, porque la mujer queda abandonada a un pecado que la destruye desde dentro. Por eso no hay terapia que resuelva definitivamente el síndrome postaborto.  Solo reconociendo la verdad a la luz de la misericordia divina, la mujer puede superar su drama e iniciar una nueva vida. Es necesario que los que creemos que solo Jesús restaura radicalmente al ser humano destruido por el pecado conduzcamos a la mujer que ha abortado al encuentro con el único salvador. El creyente que quiere servir a la cultura de la vida debe superar el dogma, tan instalado en nuestra sociedad, de que es imprescindible respetar ideas y religiones, de modo que hay que prestar ayuda a las personas sin evangelizar. Pero esto dejaría a mitad de camino a la mujer que quiere superar su drama, pues, como se ha dicho, solo Jesús sana radicalmente y sustenta una vida nueva.

   

Spei Mater sirve a las personas concretas con vocación misionera. Se sabe enviada por el Señor Jesús a anunciar el Evangelio de la vida y de la misericordia, lo que lleva a cabo mediante tres proyectos. El proyecto ‘Raquel’ en el que se trata de acompañar a las personas que han sufrido un aborto provocado en su proceso psicológico y espiritual de sanación y reconciliación. El proyecto ‘Ángel’ atiende a las mujeres con un embarazo imprevisto ayudándoles a enfrentar su nueva realidad, brindándoles soporte emocional y facilitándoles las ayudas necesarias para seguir adelante con su embarazo. El proyecto ‘Effetá’, que pretende crear en las parroquias grupos de testigos del Evangelio de la vida y la misericordia. Cada proyecto tiene una dimensión espiritual, ya que solo el encuentro personal con el Señor en la oración y los sacramentos nos constituye en testigos y hace fecunda la misión. Es importante conocer el contenido del Evangelio de la vida, estudiando las Escrituras y los documentos de la Iglesia que lo desarrollan, como la encíclica Evangelium Vitae. También es imprescindible una capacitación práctica para atender y acoger adecuadamente a las personas concretas. En www.speimater.com encontrarás información más detallada y la forma de ponerte en contacto con la asociación.

Spei Mater comenzará a trabajar en la diócesis de Alcalá de Henares con un grupo que se reunirá mensualmente en el palacio episcopal, conforme al proyecto ‘Effetá’. Estas reuniones se dedicarán a la oración y a estudiar la doctrina de la Iglesia acerca de la vida. Las personas que participen en este grupo diocesano serán el fermento de los futuros grupos parroquiales. María José se extendió en explicar la importancia de la oración porque se suele obviar en favor de la actividad asistencial, que se siente como urgente. Citó a Teresa de Lisieux: Jesús nos tiene un amor tan incomprensible que quiere que participemos con Él en la salvación de los hombres, no quiere hacer nada sin nosotros. El Creador está aguardando la oración de un alma pequeña y pobre para salvar a los demás, que fueron rescatados lo mismo que aquella al precio de su propia sangre. También leyó unas líneas de la encíclica Evangelium Vitae: Es urgente una gran oración por la vida, que abarque al mundo entero. Que desde cada comunidad cristiana… y desde el corazón de cada creyente… se eleve una súplica apasionada a Dios, Creador y Amante de la vida.

   

El reloj corría, y el P. Jesús, Director Espiritual de Spei Mater, destacó algunas ideas de los primeros capítulos del Génesis. Dios Creador es la fuente de toda vida, de ahí que nadie tiene derecho a reclamar señorío alguno sobre ninguna vida humana. Dios creó al varón y a la mujer dotándolos de la misma dignidad. Subrayó las diferencias entre ambos, que les hace complementarios y servidores de la vida por la fecundidad. Varón y mujer tienen sus particulares características y hay que evitar toda exaltación de lo masculino o de lo femenino. Hay que afirmar y respetar las diferencias, evitando asimilar el uno al otro. El pecado frustró el plan creador, pero no lo destruyó. Dios no abandonó a la humanidad, sino que le prometió el perdón, la restauración y la plenitud de vida. Jesús, entregando su vida, cumplió la promesa divina, y la Iglesia continúa su misión en la actualidad. Paloma Mansilla enumeró las principales acciones que desarrolla la anticultura de la muerte: Sexualidad hedonista, anticonceptivos, aborto, eutanasia y suicidio, incluyendo el asistido. Insistió en la importancia de la familia, comunidad de vida y amor fundada en el matrimonio, para construir una auténtica cultura de la vida. Citó a Juan Pablo II que animaba a las mujeres a ser promotoras de un nuevo feminismo, que sin caer en la tentación de seguir modelos machistas sepa reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino en todas las manifestaciones de la convivencia ciudadana, trabajando por la superación de toda forma de discriminación, de violencia y de explotación.

Las diversas intervenciones nos sensibilizaron ante el drama que supone la instalación de la anticultura de la muerte en nuestra sociedad. Llegó el momento de encontrarnos con el Señor de la vida, de abrir nuestros oídos a su Palabra y los corazones a sus sugerencias. Subimos a la capilla del palacio, donde Monseñor Reig Pla presidió una vigilia de oración ante el Santísimo expuesto. Cantamos y escuchamos las palabras de Jesús: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre…, Jn 6, 51-58. Meditamos el número dos de la Evangelium Vitae, que D. Juan Antonio comentó brevemente insistiendo en que la anticultura de la muerte es poderosa y solo puede combatirse desde una intensa vida de oración. Rezamos las letanías por la vida y se encendió una lámpara de aceite que se colocó al pie del altar, una ofrenda de luz en recuerdo de todos los que mueren de forma antinatural. Suplicamos a la Madre de Jesús: Haz que quienes creen en tu hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida… El Sr. Obispo impartió la bendición con el Santísimo y, después, bendijo un puñado de rosarios y nos entregó uno a cada uno: Recibe el Rosario, contempla los misterios de Cristo, y sé testigo del Evangelio de la vida y de la misericordia. La oración final, el canto del Magnificat, la clásica foto de familia ante el altar, las bieneducadas despedidas y el regreso a la rutina para entregar a nuestros vecinos el tesoro que se nos ha confiado: Jesucristo, el que vive y vivifica.

Rafa Chavarría

             

Año de la Fe en Cachito de Cielo

El pasado jueves se cumplían 50 años de la apertura del Concilio Vaticano II. El Papa Juan XXIII convocó a la Iglesia del siglo XX al diálogo interno, con los hermanos separados y con el mundo contemporáneo. Hoy se constata que el diálogo que se inició entonces ha dado frutos de respeto, entendimiento mutuo, superación de viejos malentendidos y acercamiento. El Papa Benedicto XVI ha querido recordar este aniversario con la celebración del Año de la fe en el que la Iglesia releerá los documentos conciliares, profundizará en su espíritu, buscará expresar la fe en un lenguaje inteligible para la gente de los inicios del siglo XXI y se aplicará a una Nueva Evangelización. Los tiempos han cambiado. Aquel mundo optimista de los años sesenta, proyectado al futuro y abierto al intercambio de ideas, ha dejado paso a una cultura insegura, sin ideas, centrada en lo inmediato. Se tiene la impresión de que este mundo postmoderno en el que vivimos no se hace las grandes preguntas que tradicionalmente han preocupado al hombre y a las que la Revelación, de la que la Iglesia es depositaria, trata de responder. Nuestros contemporáneos no tienen ni interés ni curiosidad por lo que la Iglesia pueda decirles, por lo que el llamamiento del Concilio al diálogo con la modernidad carece de sentido en la era de la postmodernidad. Por eso, Benedicto XVI inauguró el pasado jueves 11 de octubre el Año de la Fe invitando, más que a la Iglesia, a cada creyente en particular a renovar su fe y transformarse en testigo de Cristo. Así, las gentes de hoy verán unas vidas diferentes, animadas por el Espíritu de Cristo, que les interpelarán y les moverán a buscar la verdad y el bien, que solo pueden encontrarse en el Evangelio, en el encuentro personal con la Palabra encarnada.

También en la iglesia de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada, que conocemos con el popular nombre de ‘Cachito de Cielo’, se ha inaugurado el Año de la Fe. El domingo se celebró una Misa solemne que, lógicamente, presidió el capellán de la comunidad P. Jesús, al que muchos conocéis como Director del área de Teología y Liturgia de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’. El ambón, lugar desde el que Cristo nos habla cuando se proclama la Escritura, estaba especialmente decorado. El Credo apostólico, escrito sobre pergamino en caligrafía gótica, pendía en la cara anterior del ambón: Credo in Deum Patrem omnipotentem… La fe de la Iglesia nace de la escucha de la Palabra. La Iglesia misma nace de la Palabra, por eso una bandera del Vaticano, símbolo de unidad y comunión, se descolgaba del ambón y cubría una mesa auxiliar sobre la que había un quinqué y numerosas velitas adornadas con el logotipo del Año de la Fe. El P. Jesús explicó que el quinqué nos remitía al cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado, y las velitas evocaban las velas de nuestro bautismo, signo de la fe y la nueva vida por el Espíritu. Después de proclamar Mc 10, 17-30, el P. Jesús bendijo las lámparas y, con la superiora de las Misioneras, encendió el quinqué y las velas. Todos recibimos una de esas velitas encendidas, que nos llevamos a nuestras casas para no olvidarnos de volver cada día a escuchar la Palabra y acogerla con fe. En la homilía se nos exhortó a buscar la santidad, la vida divina: Sed santos porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo, Lv 19, 2b. Somos gente buena, pero debemos ir más allá de la mera obediencia a los mandamientos. Jesús nos llama a desprendernos de todo lo que nos ata y a seguirle por el camino con María, la Todasanta. Rezamos el Credo a dos coros, y el resto de la celebración transcurrió con normalidad. Antes de salir de la iglesia, invocamos a la Madre Inmaculada de Jesús: Dulce madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes

La jornada no había terminado. Por la mañana, a la 13:00, habíamos participado en la celebración solemne de la eucaristía. Las Misioneras tienen la costumbre de rezar el Santo Rosario a las 19:00 y media hora después se celebra la Hora de Vísperas. Así pues, volvimos a reunirnos por la tarde. Proclamada la lectura breve de Vísperas, el P. Jesús repasó la Carta Apostólica Porta Fidei (PF) con la que el Papa convocaba un Año de la Fe. Benedicto XVI nos invita a redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada y vivida (PF 9). Se trata, nos explicó el P. Jesús, de volver nuestro pensamiento y nuestro corazón hacia el Señor. Antes de estudiar las verdades contenidas en el Credo, necesitamos convertirnos al único Salvador del mundo (PF 6) acoger su amor y su vida. Si queremos atender esta invitación del Papa, deberemos alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de vida (PF 3). Se hace imprescindible encontrar momentos en nuestra jornada para la Lectio Divina y participar activamente en la eucaristía dominical. También sería interesante reservar en nuestra agenda algún tiempo para la adoración eucarística, y sabemos que en Cachito de Cielo el Santísimo está expuesto 24 horas al día. Una vez hemos decidido entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios y hemos iniciado ese camino de continua conversión en el que los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente (PF 6), tendremos que profundizar en los contenidos de la fe, estudiar el Credo. El mismo Papa nos invita a leer despacio y reflexivamente el Catecismo de la Iglesia Católica, del que dice que es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II (PF 11). El P. Jesús nos ayudará a estudiar el Catecismo, pues durante este Año de la Fe nos explicará sus principales temas un par de tardes al mes en el Oficio de Vísperas. El próximo domingo 28 de octubre desarrollará el tema: La Sagrada Escritura, fuente de la Revelación.

El encuentro con la persona de Jesucristo y nuestra libre adhesión a él por la fe, la acogida de su vida en las celebraciones litúrgicas, los sacramentos y la oración personal, el empeño en vivir una vida moral en obediencia al mandamiento del amor, lleva a experimentar una gran alegría. El creyente es un hombre nuevo y feliz. El P. Jesús citó las palabras del ángel a los pastores que velaban su rebaño en las cercanías de Belén: Os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo, Lc 2, 10. La alegría de creer no está destinada a un grupo de privilegiados, sino a todo el pueblo, a las gentes de todo tiempo y lugar. El creyente vive una vida nueva, diferente, lo que le constituye en testigo ante sus vecinos, y su alegría tiende, por su misma naturaleza, a comunicarse, a contagiar. No vivimos en una época de cristiandad, en la que todo el mundo se pregunta por el sentido último de su vida y atisba que la respuesta a sus preguntas está en Dios. Es preciso que los creyentes salgamos a las plazas, a los foros donde se reúnen nuestros contemporáneos, y vean nuestra nueva vida, sientan nuestra alegría y oigan el anuncio: Jesús es el Señor. A este respecto Benedicto XVI nos dice: Hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe (PF 7). El P. Jesús sintetizó el llamamiento que nos hace el Papa: ‘Creer, celebrar la fe, vivirla y comunicarla’, y concluyó invitándonos a regresar a Cachito de Cielo el próximo domingo 28 a las 19:00 para celebrar la liturgia de Vísperas y estudiar el tema: La Sagrada Escritura, fuente de la Revelación. Yo me permito invitaros a todos vosotros. La celebración terminó con la bendición con el Santísimo, siempre expuesto para la adoración en Cachito de Cielo. Nos vemos en Cachito de Cielo, Travesía de Belén 1 (Metro: Chueca y Alonso Martínez).

Rafa Chavarría

 

Fin de curso de la EscAByC.

El pasado siete de julio celebrábamos la clausura del curso de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’ en Carranque (Toledo) con una jornada distendida de convivencia y oración. Se trataba de tender puentes entre las comunidades de las parroquias de Sta. Mª Magdalena de Carranque y de San Valentín y San Casimiro de Vicálvaro en Madrid. Los de la capital llegamos a la hora de comer, más bien al comienzo de la tarde, que muchos habían tenido que trabajar por la mañana. Éramos tres coches completos. El Padre Jesús no pudo acompañarnos, pero se sumó a la expedición el párroco de San Valentín, D. José. En la Plaza de la Iglesia nos esperaban D. Josué, párroco en Carranque, y algunas hermanas de la comunidad de allí. Tras los consabidos saludos nos encaminamos hacia lo que las gentes del lugar llaman Las Ruinas, que resultó ser un Parque Arqueológico. El concejo nos había cedido uno de los pabellones del Centro de Interpretación, y, desde este blog, la EscAByC quiere agradecer su gesto.

La mesa estaba puesta, generosamente puesta, y, en un ambiente de franca fraternidad, comimos. Después, un cafetito y algunas infusiones en la cafetería. La tertulia estaba animada, pero había que seguir con el programa. El Parque Arqueológico de Carranque tuvo su origen cuando se descubrió casualmente un mosaico romano. Era el año 1983. En seguida comenzaron las excavaciones y se descubrieron unas dificaciones de finales del siglo IV, siendo emperador de Roma Teodosio el Grande. Parece que un patricio llamado Materno, miembro de la familia imperial, había elegido este lugar de Hispania para construirse una villa. Tres son los edificios que se han excavado: El Palatium, de uso público; el Mausoleo, un edificio funerario; y la vivienda de Materno y su familia. Hacía demasiado calor para visitar las ruinas, así que visitamos el museo donde se exponen los objetos que van desenterrando los arqueólogos, desde mosaicos hasta fíbulas y monedas. En la Sala de Audiovisuales vimos un vídeo que reproducía en tres dimensiones los edificios de la Villa. Sinceramente, salí de allí perplejo. La casa de Materno no tenía nada que envidiar a las mejores casas de nuestros famosos de hoy, ni en diseño ni en materiales.

  

Pero no estábamos en Carranque con la sola intención de admirar su patrimonio. Tras la visita cultural, regresamos al pabellón que nos había servido de comedor. Queríamos profundizar en el conocimiento mutuo y agradecer al Señor que es la Palabra su generosidad durante el curso. Nos sentamos en corro. Pepe sacó de su mochila un par de ovillos de lana y nos dio instrucciones. El ovillo iba a saltar de unos a otros, pero con la condición de que nadie soltara el hilo. Cada cual se presentaría y compartiría sus impresiones del curso y su personal experiencia de la Biblia. El ovillo fue de unas manos a otras y todos quedamos unidos por una telaraña de lana. Pepe describió lo que estábamos viendo. Éramos un conjunto de personas, todas distintas, pero que compartían la misma fe en Jesús y el gusto por su palabra escrita; todas unidas por las misteriosas relaciones que establecía y sostenía el Espíritu; todas integradas en una comunidad de amor divino, la familia del Padre. Todas las intervenciones fueron interesantes y creo que tuvieron carácter de evaluación, lo que nos ayudará a programar el próximo curso insistiendo en lo que ha ido bien y corrigiendo errores. Voy  a intentar hacer una síntesis de todo lo que se dijo durante esta dinámica del ovillo volador.

Se subrayó lo mucho que ayuda estudiar la Biblia y orar en grupo. Alguien confesó que se sentía la presencia de Dios en los encuentros. Se reconoció el esfuerzo de las animadoras a la hora de convocar al grupo, dirigir el estudio y la oración cuando no están los profesores de la Escuela y animar al trabajo y la oración personal. Se destacó el progreso en la comprensión de la Biblia, en el interés por profundizar en su conocimiento y en el gusto por leerla y escucharla en un clima de oración. Muchos nos dijeron que ya leen la Biblia un rato cada día, aunque haya muchas cosas que se les escapan, y que han descubierto las Escrituras como una literatura más asequible y cercana que lo que habían creído siempre. Se valoró el método de la Lectio Divina y hubo quien explicó cómo aplicaba ahora la ruminatio al rezo del Rosario, lo que le estaba resultando muy gratificante y enriquecedor. Se destacó el descubrimiento de los salmos, poemas antiguos que expresan  sentimientos universales, y que enseñan a orar. Se agradecieron las catequesis de iniciación a la Liturgia que dirigió el Padre Jesús a la comunidad de Sta. Mª Magdalena, ya que, desde entonces, el grupo vive la Eucaristía de un modo nuevo y disfruta de una auténtica experiencia contemplativa cuando reza con toda la Iglesia la Liturgia de las Horas. Hubo quien pidió que los encuentros de catequesis y oración con la participación de los profesores de la Escuela fueran más frecuentes.

Teníamos conciencia de ser Iglesia, icono de la Santa Trinidad, y el resto de la jornada la pasamos en un clima de oración. Terminada la dinámica del ovillo volador, invocamos al Espíritu y escuchamos la Palabra ante un icono de la Virgen de la Ternura de Vladimir: Todos ellos hacían constantemente oración en común con las mujeres, con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos…, He 1, 14; 2, 1-4.42. Se hacía tarde. A las ocho comenzaría en la iglesia parroquial la Eucaristía, acción de gracias por excelencia, y queríamos ser puntuales. Recogimos y ¡a los coches! D. Josué presidió la Eucaristía, pero D. José no concelebró, porque tuvo que regresar a Vicálvaro. No escuchamos una homilía al uso, más que homilía fue una catequesis. D. Josué no comentó las lecturas de aquel 14º domingo del tiempo ordinario. Nos explicó el sentido de los diversos momentos de la Eucaristía, el sentido de los signos y el porqué de las palabras. Nos inició en el lenguaje gestual y simbólico de la Liturgia, al que estamos tan familiarizados pero que entendemos poco. Vivimos una auténtica acción de gracias en comunión con toda la feligresía de la parroquia de Sta. Mª Magdalena: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi alma en Dios, mi salvador, Lc 1, 46. Sentí la dicha de los apóstoles en el Tabor y, como Pedro, hubiera querido prolongar aquella fiesta fraterna y trinitaria. Pero, como Pedro, no sabía lo que decía, Mc 9, 6. La fiesta llegaba a su fin. Nos hicimos una última foto en el atrio de la iglesia. Nos abrazamos, despidiéndonos y comprometiéndonos a encontrarnos de nuevo. Entramos perezosamente en los coches y partimos, cada cual a su casa y sus labores. La Plaza de la Iglesia se vació mientras las primeras sombras del crepúsculo se alargaban.

Rafa Chavarría

Pepe Pedregosa, durante sus estudios en Roma, recibió la gracia de entrar en contacto con la liturgia y la espiritualidad de la tradición cristiana oriental. Fue tan dócil a esa gracia que hoy es un buen conocedor de lo que él llama el oriente cristiano. El año 2011, la editorial San Pablo publicaba una nueva edición del clásico libro El peregrino ruso. Esta edición fue dirigida por Pepe Pedregosa, que consiguió un texto castellano de lectura ágil, cuya comprensión se facilitaba con numerosas notas a pie de página y una introducción que acerca al lector español a una cultura que no es la suya. El autor anónimo nos ofrece el testimonio de su peregrinaje por las estepas rusas y, a la vez, por el laberíntico mundo de la Oración del Corazón. La tarde del pasado viernes 15 nos reunimos en la librería San Pablo de la calle Alcalá unas treinta personas interesadas en averiguar qué era eso de la Oración del Corazón, y Pepe Pedregosa guio nuestras averiguaciones.

Pepe comenzó diciendo que lo que se llama Oración del Corazón es un método de oración muy practicado entre los cristianos orientales. Parece ser que la primera noticia explícita de este tipo de oración se encuentra en una obra del siglo VI, Vida de san Dositeo. El año 1782 se publicó en Venecia un libro de Macario de Corinto y Nicodemo Hagiorita de carácter enciclopédico, titulado Filocalía. Los autores recopilaron en él textos ascéticos y místicos de los Padres orientales. En seguida se prepararon traducciones a las lenguas eslavas, de modo que el interés por la Oración del Corazón se extendió entre los cristianos de oriente. Pero fueron los relatos del Peregrino ruso los que popularizaron la práctica de la Oración del Corazón y, además, la dieron a conocer en occidente. ¿Puedes entrar en detalles? -pregunté- Quiero decir que nos espliques cómo se practica esta Oración del Corazón. Y Pepe abrió El Peregrino Ruso por la página 53 y leyó:

La oración interior continua a Jesús es la invocación ininterrumpida de su nombre divino con los labios, el corazón y la inteligencia; consiste en tenerlo siempre en nosotros e implorar su gracia en todo tiempo y lugar, e incluso, durante el sueño. Esta invocación se expresa con las siguientes palabras: ‘Señor, Jesucristo, ¡ten piedad de mi pecador!’

Eso de oración interior continua e invocación ininterrumpida me recordó la rumia de la Lectio Divina, el rezo del Rosario, incluso, la repetición de jaculatorias como la clásica Corazón de Jesús en vos confío. Pepe me aclaró que en realidad no importaba qué palabras utilizásemos, que lo importante era entrar en la presencia de Dios y rezar despacio, con un ritmo constante y con todo nuestro ser: cuerpo, mente y sentimientos. La recitación sería en realidad un modo sencillo de concentrar la atención y no dejarse llevar por la imaginación y las emociones que se agitan en nuestro interior. Total, resumí, que la Oración del Corazón es una manera de liberarse del stress de la vida cotidiana. Pepe explicó que toda oración relaja el cuerpo, calma la mente y sosiega el corazón, pero la oración no es un mero ejercicio terapéutico, va más allá.

Los tratados, siguió explicando Pepe, distinguen dos grandes etapas en el camino espiritual: la ascética y la mística. La primera etapa exige un esfuerzo perseverante por parte del orante, al que Dios ayuda con su gracia. Llega un momento en que se alcanza la paz, las potencias quedan como adormecidas. Entonces el Espíritu asume el protagonismo y se cumple la afirmación paulina: El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque no sabemos lo que nos conviene, pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inenarrables, Rom 8, 26. O sea, que el orante se hace consciente de ser templo del Espíritu Santo y hogar en el que las Personas Divinas se entregan íntimamente las unas a las otras, se aman mutuamente. El orante es arrebatado por esta corriente de amor intratrinitario y se va transformando en Hijo, en otro Cristo. Pero la vida continúa y, como Moisés y los apóstoles, el orante baja del monte y vuelve a sus quehaceres cotidianos. Lo curioso es que el orante es ahora una persona nueva. Su manera de relacionarse con su familia y la gente en general, su modo de trabajar y de enfrentar nuevos retos, en fin, su estilo de vida es diferente, es un estilo evangélico, el estilo de Jesús.

Ya se sabe que cuando se está a gusto se pierde la noción del tiempo. Ya había pasado una hora, cuando Pepe nos habló de bajar del monte, del regreso a lo cotidiano. Nosotros hubiéramos levantado tres tiendas y hubiéramos seguido disfrutado de los paisajes por los que nos había conducido Pepe, los de la Oración del Corazón. En realidad, ya no había mucho más que contar, había que orar y avanzar por desiertos, selvas, páramos y jardines hasta ese lugar interior en el que empezamos a ser el Hijo y pisamos los umbrales de la Jerusalén celestial. Antes de despedirnos pedí a todos los que habían participado en aquella charla-coloquio sugerencias para nuevos encuentros en la librería San Pablo. Evidentemente ya serán para el próximo curso, pero es importante que la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’ sepa responder a las inquietudes que el Espíritu despierta en cada uno. Si a ti se te ocurre algún tema de especial interés, comunícanoslo con un e-mail. Estamos en escueladeanimacionbiblica@gmail.com. Y gracias a todos los que estuvisteis con nosotros y a Jaime y a todos los que trabajan en la librería San Pablo de la calle Alcalá de Madrid.

Rafa Chavarría

Muchos deseábamos prepararnos adecuadamente para celebrar la solemnidad del Corpus Christi. Tuvimos suerte, pues las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada habían organizado lo que denominaron Oración-Concierto para el sábado anterior a la fiesta. Aquella tarde, la capilla de Cachito de Cielo en la madrileña travesía de Belén, estaba llena de personas deseosas de recogerse ante el Señor Eucaristía, contemplarle, escuchar su voz en las Sagradas Escrituras y responder a su amor con alabanzas y el compromiso de seguirle por donde su Espíritu quisiera conducirlas. Cada cual tenía en sus manos un programa detallado que hacía fácil seguir el ritmo de la Oración-Concierto y posibilitaba una participación activa.

A las seis en punto una monitora tomó la palabra e insistió en que nos habíamos reunido para preparar la festividad del Corpus Christi en un clima de oración, escuchando la Palabra y respondiendo a ella con alabanzas, y adorando la presencia real del Señor Eucaristía presente en la custodia. Explicó cómo iba a desarrollarse aquella hora de oración y proclamó el relato de la institución de la Eucaristía (1Co 11, 23-26): Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado, tomó pan, dando gracias, lo partió y dijo: ‘Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros…’. Terminada la proclamación del texto paulino, cada cual volvió sobre lo escuchado al tiempo que Malula (Mª Luz Ribera) interpretaba al piano Panis Angelicus de C. Franck.

           

Delante del altar se había colocado una mesita cubierta con un tapete blanco. Se llevó procesionalmente hasta ella un pebetero e incienso, que el capellán bendijo y encendió como signo de purificación y de oración. La iglesia se llenó de humo aromático que nos recordaba las palabras de 1Re 8, 10-11: Una nube llenó el templo del Señor…, la gloria del Señor había llenado el templo. Nuestra oración continuó en siete tiempos y terminó con un rito de conclusión. Cada tiempo se desarrolló siguiendo un esquema sencillo y, a la vez, perfectamente estudiado. Una Misionera leía a modo de antífona introductoria una frase del P. Miguel Maura o de la Madre Mª Riquelme. Escuchamos palabras como estas: Sólo Vos podéis ser mi verdadero Pan, mi vida verdadera, Maura; Amemos a Jesús Sacramentado, victima de amor, Riquelme.Después escuchábamos de labios de un lector un texto de las Sagradas Escrituras. Unos eran del Antiguo Testamento, figura y profecía de la realidad escatológica que nos trajo el Hijo de Dios: Recuerda este día en que salisteis de Egipto…, y no comáis pan fermentado, Ex 13, 3-5. Otros textos se habían tomado del Nuevo testamento: Entonces vi, de pie, en medio del trono… un cordero, como degollado, Ap, 5, 6-8.

La Palabra es como una lluvia mansa, como un sirimiri, que empapa lentamente la tierra más o menos seca del corazón. Es necesario sentir cómo nos va calando y transformando, por eso, tras escuchar el texto bíblico, disponíamos de unos minutos para la meditación. Durante estos minutos nos envolvían las melodías que Malula interpretaba con delicadeza y sentimiento: O zarabandas o nocturnos o suites… Era fácil rumiar la Palabra en una atmósfera que evocaba la música de las esferas, de la Creación, de la mano de Bach, de Schumann o Chopin. Este coloquio personal se hacía voz comunitaria, alabanza eclesial, cuando todos rezábamos a dos coros el himno Te Deum: A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor te reconocemos… Y todos nos poníamos en pie y alguien colocaba una vela encendida sobre el altar, ofrenda de fe y proclamación de la presencia real de Jesús en el pan al que todas nuestras miradas se elevaban. Siete veces se repitió este esquema. Siete veces escuchamos, meditamos y alabamos. Y llegó el momento de caer de rodillas y adorar, que ya las palabras y hasta la música sobraban. A una indicación de la monitora, todos nos arrodillamos. El capellán rezó una oración final que recapitulaba todos los sentires y súplicas de la asamblea, incensó la Hostia Santa y, alzando la custodia, impartió la bendición. Todos respondimos agradecidos: Bendito sea Dios… Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del alta, Bendita sea la Gloriosa Santa María Madre de Dios… Bendito sea Dios en sus Angeles y en sus santos.

La oración-concierto de la víspera del Corpus había concluido. El capellán agradeció a las Misioneras su iniciativa, la preparación del evento y su participación en él. También agradeció a la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’ su colaboración en la elaboración del programa. Salimos a la calle con el corazón rebosante de gozo y los rostros transfigurados, como el de Moisés tras su encuentro con Dios en la cumbre del Sinaí. También los profesores de la EscAByC con algunos alumnos y amigos habíamos participado en esa hora de adoración. Hicimos corro delante de la puerta de Cachito de Cielo y hablamos de lo que había significado para nosotros ese encuentro de oración. Todos coincidimos en que se había renovado nuestra fe y nuestro convencimiento de ser amados por el que murió y resucitó para que nosotros vivamos. También nos sentimos estimulados a participar con los cinco sentidos en la Eucaristía del día siguiente, deseosos de saborear el Pan de la Palabra y el Pan del Altar. Unos nos encaminamos hacia la Gran Vía, otros hacia Alonso Martínez y hubo quien regresó a Toledo, pero todos nos íbamos sabiendo que Jesús es el Señor y nosotros sus amados y amantes, y que éramos comunidad testigo de la fe que nos iluminaba y comunicadora del amor que habíamos recibido.

Rafa Chavarría

El pasado día 18 nos reunimos en la librería San Pablo de la calle Alcalá de Madrid unas treinta personas para responder a la pregunta: ¿Quién eres tú, ‘Lectio Divina’? No se trataba de escuchar una conferencia, sino de encontrar entre todos una respuesta; por eso, en la convocatoria del evento se nos invitaba a una charla/coloquio. Pepe agradeció la participación de todos y se presentó como un hermano de la Sociedad de San Pablo dedicado a la animación bíblica, en la que trabaja coordinando  un equipo de teólogos y biblistas. Este equipo es la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’, que anima grupos de catequesis bíblica y Lectio Divina, organiza jornadas bíblicas abiertas a todo el quiera participar y, además, apoya a cualquier grupo eclesial que quiera profundizar en la comprensión de la Biblia y en su escucha orante. Me presentó a mí como el Director del área de Biblia de la escuela (EscAByC San Pablo) y comenzó a hacer preguntas.

Rafa eludió mi pregunta remitiéndola a la asamblea: ¿Quién eres tú ‘Lectio Divina’? Alguien dijo: Un modo de orar con la Biblia. Rafa cogió al vuelo la respuesta y subrayó: Modo, lo que nos remite a una técnica; orar, que significa mantener un diálogo con Dios; Biblia, la carta de amor que Dios nos ha enviado a cada uno y donde se nos revela a sí mismo y su plan sobre nosotros. Le pedí que nos aclarara una cuestión que me tenía intrigado desde hacía tiempo. De unos años a esta parte se habla mucho de Lectio Divina y se escriben libros sobre ella, ¿es acaso una técnica de oración recién inventada? La intriga se acabó en seguida. Parece ser que la Lectio Divina se practica desde que existen textos reconocidos como la Palabra de Dios a su pueblo. Es decir, Israel ya la practicaba en el Templo y en las sinagogas, especialmente los sacerdotes y los rabinos. Los Padres de la Iglesia aprendieron esta técnica de escucha y respuesta a la Palabra de sus maestros hebreos. Durante la Edad Media los monjes la practicaron asiduamente y fue un monje cartujo en 1173 quien, haciéndose eco de una tradición de siglos, la explicó clara y sistemáticamente en un tratadito.

Y desde el siglo XII, ¿qué? Pues nada, nos explicó Rafa, que la Biblia quedó relegada a la liturgia y, además, el latín en que se proclamaba era una lengua desconocida para la mayoría. Los teólogos empezaron a reflexionar sobre las verdades de fe, no desde las Escrituras, sino desde la pura razón con técnicas filosóficas y la oración dejó de ser una respuesta a la Palabra para convertirse en un recitativo de fórmulas devotas preestablecidas. Me parecía que había llegado el momento de describir cómo se hace eso de la Lectio Divina, cómo se ora con este método tan antiguo y tan nuevo a la vez. Si entendí bien, en primer lugar hay que situarse en la presencia del Dios tres veces santo e invocar al Espíritu para que abra nuestra mente y nuestro corazón a la Palabra. Después se lee despacio y entendiendo el texto (Lectio). Cuando una frase o una simple palabra nos conmueve, nos toca el corazón, nos quedamos con ella y la repetimos una y otra vez, como rumiándola (Meditatio). Después sentiremos la necesidad de responder a esa Palabra y le decimos a Dios lo que nos brota del corazón (Oratio). Llegará un momento en que las palabras no significarán nada, se hará el silencio: Nos dejamos amar y amamos (Contemplatio). Estos encuentros con el Dios vivo siempre son gratificantes y transformantes, por eso, viviremos evangélicamente y sentiremos la necesidad de comunicar a todos lo que hemos visto y oído en el corazón de Dios.

Tengo que reconocer que Pepe ha sabido recoger sintéticamente todo lo que conversamos aquella tarde del viernes en la librería San Pablo. Como os decía al principio de esta crónica, habíamos ido a una charla/coloquio, no a una conferencia. Quiero decir que hubo preguntas, aclaraciones, y algún que otro excursus. Fue un encuentro muy participativo y enriquecedor para todos. Bueno, llegó la pregunta del millón: ¿Qué Biblia leer en nuestra Lectio Divina? Pepe fue claro: Cualquier Biblia sirve. Pero, digo yo, el texto tiene que ser de fácil comprensión y si va acompañado de introducciones y algunas notas explicativas, mejor. La Biblia es una colección de libros muy lejanos a nuestra cultura, por eso la Editorial San Pablo ha publicado una versión renovada con una traducción que ofrece una lectura fácil sin menoscabo del rigor exegético. Además, contiene numerosos materiales didácticos: cronologías, mapas, cuadros, un índice sinóptico del Evangelio, etc. Pepe nos habló de esta nueva edición de la Biblia y nos sugirió algunos libros útiles para nuestra Lectio Divina, como Palabras para vivir. Lectio Divina de algunos pasajes de los evangelios de Carlos M. Martini.

Mi reloj me advertía de que se cumplía prácticamente el tiempo previsto para la charla/coloquio y mi sentido común, de que cada uno tendría sus planes para el resto de la tarde. Trasladé en voz alta a los participantes estas advertencias, pero nadie se movió, y Pepe habló por todos ellos: Mira, ya sabemos que va siendo hora de terminar, pero sería interesante dedicar unos minutos a hacer ‘Lectio Divina’. A andar se aprende andando, ¿no? O ¿tienes prisa? No, claro que no, no tenía ninguna prisa, así que improvisamos con una mesita un altar para la Palabra. Pepe entonó una invocación al Espíritu, que todos repetimos durante unos segundos. Encendimos una candela, signo de verdad y de fe, al pie de las Escrituras abiertas,  mientras se proclamaron los últimos versículos de Marcos. Silencio activo, durante el que cada uno dejó resonar la Palabra en su interior. Muchos compartimos la frase que nos había tocado el corazón: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la Creación; el Señor Jesús ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios; el Señor actuaba con ellos… Necesitábamos responder a aquellas palabras y encendimos una barrita de incienso, que subió al tiempo que cada cual oraba en voz alta. Finalmente recogimos todas las oraciones que se habían compartido y las que quedaron en la intimidad de cada uno en una única plegaria que todos rezamos al unísono, la del Hijo: Padre nuestro que estás en los cielos…

          

 El pasado día 18 nos reunimos unas treinta personas en la librería San Pablo de la calle Alcalá de Madrid buscando una respuesta a la pregunta: ¿Quién eres tú, ‘Lectio Divina’?, y, sí, conseguimos encontrar una respuesta. Lo curioso fue que encontramos una respuesta intelectual, llegamos a saber qué era eso de la Lectio Divina, pero también hallamos una respuesta viva, entablamos un diálogo con el Dios vivo que nos ha escrito una carta de amor a cada uno, la Biblia. Este conocimiento no puede ser flor de un día. Las Escrituras, como hontanar de aguas vivas, nos susurran constantemente: Abreme, léeme, bébeme, saboréame… Por nuestra parte estamos a disposición de todos los que escuchen este susurro y se dejen llevar por él. Sabéis que estamos en el teléfono 917 425 113 y en escueladeanimacionbiblica@gmail.com. Para terminar queremos dejar constancia de la estupenda acogida que nos dispensaron Jaime y todos los que trabajan en la librería San Pablo. Gracias, y esperamos organizar con vosotros nuevos eventos como el que nos reunió el viernes en vuestra casa.

Rafa &  Pepe

Los termómetros señalaban en Logroño temperaturas más allá de los 30 grados. Nosotros estábamos bien en el templo de la parroquia del Buen Pastor, el aire acondicionado estaba a tope. Eran las siete de la tarde y en la iglesia no cabía un alfiler. Todos, eso sí, lucíamos nuestra mejor ropa veraniega, porque estábamos allí para participar en la eucaristía en la que unos veinte jóvenes y algún adulto recibirían el sacramento de la Confirmación. La comunidad estaba de fiesta porque unos cuantos bautizados de su seno habían crecido en la fe, acogerían la plenitud del Espíritu y serían enviados a sus conciudadanos para dar testimonio del Evangelio.

Presidía, en nombre del Obispo de la diócesis de Calahorra, su Vicario General. La celebración se desarrolló con amplia participación de los confirmandos y de sus catequistas. Se solicitó al Vicario que impartiera el sacramento a esos bautizados que se habían preparado durante dos años de catequesis para ese momento solemne. Los confirmandos dieron fe de que hacían su solicitud con entera libertad. Se proclamaron textos bíblicos alusivos al don del Espíritu y el Vicario los comentó insistiendo en el sentido de la celebración, la alegría de acoger la fe y la vida nueva en Cristo. Se llamó a cada uno de los confirmandos por su nombre y se acercaron al pie del presbiterio donde el Vicario les ungió con el crisma, ese aceite  de oliva perfumado que el obispo consagrara en la misa crismal. Antes de volver a sus asientos, un catequista colgaba del cuello de cada confirmado un crucifijo de madera, lo que me recordó algunas palabras del Apóstol: ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de mi Señor Jesucristo! Es Cristo quien vive en mí. Nosotros predicamos a un Cristo crucificado.

La eucaristía prosiguió según costumbre hasta un momento antes de su conclusión. Entonces un confirmado agradeció al Vicario General, y por él a Dios y a toda la Iglesia, el don del sacramento de la Confirmación. Después una catequista nos participó sus sentimientos en esta celebración: satisfacción y agradecimiento por haber ayudado a esos muchachos a profundizar en lo que significa el seguimiento de Jesús y a acoger la plenitud del Espíritu que les compromete a ser testigos y evangelizadores entre sus compañeros. Por último, una muchacha invitó a los confirmados a unirse al grupo parroquial de postconfirmación para seguir creciendo en la amistad de Jesús y construir comunidad. Mucho se aplaudieron todas estas intervenciones, una forma de expresar la alegría que inundaba el corazón de una comunidad que celebraba en su seno una nueva actualización del pentecostés apostólico. Pero yo no quería regresar a Madrid con el mero recuerdo de una fiesta. Tuve ocasión de charlar tranquilamente con uno de los muchachos que habían recibido el sacramento, con Jorge Ruiz de Palacios, el hijo de mi hermana.

Los jóvenes de cuarto de la E.S.O. no son especialmente comunicativos. Jorge tampoco lo es, pero algunas cosillas me reveló de su experiencia aquella tarde. Me dejó bien claro que, durante los dos años de catequesis, había pensado mucho si quería confirmarse o no. Al fin decidió que sí y había dado el paso porque he querido. Le pregunté qué había aprendido durante su preparación para el sacramento. Se llevó el vaso de coca-cola a los labios, lo que, supongo, le permitió pensar la respuesta unos segundos. Había aprendido que Jesús era un hombre que respetaba a los demás y hacía todo para ayudar a los demás. Yo quería saber qué significaba ese conocimiento para él, a qué le impulsaba. A hacer a los demás lo que quiero que me hagan a mí; o sea, a respetar a la gente, me dijo. Suponía que Jesús no era para él un mero personaje histórico, como los que le presenta su profesor de “Cono”, y le pregunté sobre su relación con él. Su respuesta me sorprendió: Soy  un siervo de Jesús que escucha su palabra. ¿Qué quería decir con la palabra siervo? Yo esperaba que me dijera que se sentía amigo de Jesús, pero me dijo siervo. Lo siento, no conseguí ninguna aclaración al respecto. Fui directamente a lo que había significado para él haber recibido la plenitud del Espíritu: Me acerca más a Dios, afirmó. Sentí que le aburría aquella conversación o que no le interesaba, porque cogió de nuevo su vaso y echó un trago largo y lento. Se limpió los labios con la manga de la camisa mientras dejaba sobre la mesa el vaso vacío. Pensé que lo mejor era dejarlo ahí y terminar mi cerveza, pero entonces Jorge me miró a los ojos y, sonriendo, me confió: La catequista era muy maja. Se ve que cree en Jesús. Trabaja en una casa de acogida cuidando niños.

Rafa Chavarría

Ayer domingo se clausuraban las Primeras Jornadas Bíblicas organizadas por la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo en torno a la Verbum Domini con la eucaristía presidida por el padre Cándido, párroco de Jesús de Nazaret de Madrid. El padre Cándido abrió las puertas de la parroquia a la Escuela con toda generosidad y, juntamente con el padre Sebastián, asumió la tarea de anunciar la celebración de las Jornadas por todo su arciprestazgo. Desde aquí nuestro agradecimiento para ambos y su comunidad de religiosos de la Sagrada Familia de Nazaret.

     

Las Jornadas comenzaron a las diez de la mañana del sábado en el salón parroquial. Pepe Pedregosa, Coordinador de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo,  presentó al Padre provincial de la Sociedad de San Pablo, P. Antonio Maroño, que nos explicó cómo las Jornadas querían ser una participación del carisma del P. Alberione, su fundador, a  todos en el contexto de la preparación del centenario de la fundación de la Familia Paulina (2014). Pepe Pedregosa nos habló del diálogo entre Dios y el hombre. Explicó este diálogo sirviéndose del esquema básico de un proceso de comunicación, en el que Dios sería el emisor y el hombre el receptor. Nos habló de canales, códigos… y, sobre todo, de que la comunicación de Dios pide una respuesta al hombre.

El profesor de Sagrada Escritura Javier Velasco, llegado desde Barcelona para las Jornadas, desarrolló el tema: La lectura de la Biblia en la Iglesia. Insistió en la importancia de los métodos historicocríticos para comprender bien lo que Dios quiere decirnos a través de textos muy alejados de nuestro tiempo y de nuestra cultura, aunque la lectura creyente siempre haya que hacerla en el contexto de la fe de la Iglesia. Se le preguntó cómo podríamos iniciarnos en el estudio de la hermenéutica bíblica y sugirió la lectura del libro de TOSAUS, El octógono sagrado: Breve introducción a la Biblia en cuatro lecciones, ed. Verbo Divino, 2005.

Concepción González, de las Pías Discípulas del Divino Maestro y especialista en Liturgia, nos descubrió la centralidad de la Palabra en todas las celebraciones litúrgicas. Subrayó la presencia real de Cristo cuando se proclama la Palabra en la celebración e insistió en la importancia de estudiar la Liturgia, de participar con frecuencia en ella y de la capacitación técnica de todos los que prestan en ella algún servicio. Quique Fernández, Coordinador de la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona, compartió con nosotros su larga experiencia como catequista y animador bíblico. Nos habló de La Palabra en la vida de la Iglesia. Todos comprendimos la necesidad de tocar la Biblia, abrirla y leerla con frecuencia para seguir a Cristo fielmente y construir Iglesia.

   

Rafa Chavarría, Biblista y Director del área de Biblia de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación San Pablo, desarrolló el tema La Palabra en el anuncio y misión de la Iglesia. Siguiendo la Verbum Domini, insistió en que la evangelización se fundamenta en la obra de la Palabra encarnada y es consecuencia del Bautismo. Emilio Pérez, animador bíblico de la Escuela de Barcelona, nos explicó el método de la Lectio Divina glosando los cuatros peldaños de la Scala claustralium que el gran prior de la Cartuja Guigo II desarrolló en una carta de 1173. La tarde del sábado terminó en la capilla de la parroquia, donde otro animador bíblico de la misma Escuela, Enrique Grau, dirigió un rato de Lectio Divina, durante el cual nos aplicamos a la Lectio, la Meditatio, la Oratio y la Contemplatio.

El domingo volvimos a reunirnos en el salón de la parroquia Jesús de Nazaret y Pedro Barrado, Biblista y Director de la Escuela Juan XXIII de las Hermandades del Trabajo, se centró en los números 99 – 108 de la exhortación apostólica: Palabra de Dios y compromiso en el mundo. Destacó los textos bíblicos que cita el Papa y nos hizo caer en la cuenta de que sólo uno de ellos es del Antiguo Testamento: Sab 2, 23-24. Así que comentó los diversos ámbitos de la evangelización (jóvenes, inmigrantes, pobres…) desde el Antiguo Testamento. La última ponencia de las Jornadas corrió a cargo de Pepe Pedregosa, que destacó la importancia de poner todos los medios de nuestra cultura técnica al servicio de la comunicación de la Palabra y nos invitó a navegar por el ciberespacio y a usar carteles, cine, etc. en las catequesis bíblicas.

Las Jornadas llegaban a su fin. Se nos habían abierto caminos nuevos para profundizar en el conocimiento de la Biblia y en la oración con ella. Todos participamos en la eucaristía dominical, ávidos de escuchar la Palabra y celebrarla, de cantar himnos de acción de gracias y de compartir el pan partido. El P. Cándido exhortó a todos en su homilía a subir con Jesús al monte, a contemplar en las Escrituras su rostro transfigurado y a dejar que esa luz ilumine siempre nuestras vidas. Finalizó la eucaristía y acabaron las Jornadas. Nos despedimos los unos de los otros con el compromiso de permanecer en contacto por la Lectio Divina y todos los medios a nuestro alcance, pues sabíamos que este fin de semana habíamos construido Iglesia y debíamos seguir en la tarea.

Rafa Chavarría

Primeras Jornadas Bíblicas Verbum Domini

Parroquia de Jesús de Nazaret. C/ Cuevas de Almanzora, 18. Madrid.

Metro Manoteras (línea 4).

Sábado, 3 de marzo 

10:00   Acogida y presentación 10:30   Dios y hombre en diálogo. Pepe Pedregosa, ssp, Animador Bíblico y de la Comunicación. 11:30   Descanso 12:00   La lectura de la Biblia en la Iglesia. Javier Velasco, profesor de Biblia. 13:00   La Liturgia, lugar privilegiado de la Palabra. Concepción González, pddm, Profesora de Liturgia. 16:30   La Palabra en la Vida de la Iglesia. Quique Fernández, Coordinador de la Escuela de Animación Bíblica de Barcelona. 17:30   Descanso 18:00   La Palabra en el anuncio y misión de la Iglesia. Rafael Chavarría, Biblista. 19:00   “Lectio Divina”: Método y práctica. Emilio Pérez y Enrique Grau, Animadores Bíblicos.

Domingo, 4 de marzo 

10:00   La Palabra y el compromiso en el mundo. Pedro Barrado, Biblista. 11:00   Descanso 11:30   La Palabra en la cultura y la comunicación. Pepe Pedregosa, ssp, Animador Bíblico y de la Comunicación. 12:30   Clausura 13:00   Eucaristía

Rafa Chavarría & Pepe Pedregosa

El pasado día 14, el amigo Pepe Pedregosa y yo (de la Escuela de Comunicación y Animación Bíblica San Pablo) nos trasladamos hasta Carranque en la provincia de Toledo. Allí nos esperaban un pequeño grupo de cristianos de la parroquia de Sta. Mª Magdalena. Pepe ya había estado con ellos en varias ocasiones, explicándoles qué es la Biblia y cómo su lectura asidua nos transforma poco a poco en mujeres y hombres nuevos. Pepe no llegó a Carranque como un paracaidista caído del cielo, había sido invitado a dirigir unas jornadas bíblicas por D. Josué, el párroco, al que desde aquí queremos agradecer su iniciativa. Y Pepe me invitó a acompañarle en este viaje, porque sentía que sus catequesis bíblicas debían completarse con un taller de Lectio Divina.

Y a Carranque llegamos Pepe y yo, como un Saulo y un Bernabé redivivos, dispuestos a comunicar nuestros conocimientos bíblicos y nuestra experiencia de escucha y respuesta a la Palabra que habla en las Sagradas Escrituras. Tres tardes, de 19:30 a 21:00, compartimos con unas doce personas (número simbólico que alude a semillas apostólicas) nuestra fe en el Dios que se revela en la Biblia y nuestra experiencia de oración. Pepe, en los viajes anteriores, había explicado lo que se suele llamar Introducción a la Biblia. En esta ocasión explicaría la formación del Nuevo Testamento y la teología del evangelio de Marcos. Pepe, además de ser animador bíblico, es especialista en medios de comunicación social. Su catequesis era oral y visual. Le oíamos y veíamos el guión de sus explicaciones en una pantalla. Hubo un momento cumbre. En la pantalla se proyectaba tan sólo Mc 15, 39. Los participantes en la catequesis buscaron en sus Biblias, y se notaba que estaban acostumbrados a manejar el Libro. Se vieron caras de asombro. Pepe leyó el texto en voz alta y aclaró: Este es el mensaje central de Marcos. Esta es la buena nueva que nos anuncia. El Hijo de Dios es el crucificado. Dios revela su verdadero rostro en la cruz.

Yo dirigí el taller de Lectio Divina. Aprenderíamos a orar con la Biblia. Primero expliqué los cinco pasos clásicos de este camino de oración: Lectio, Meditatio, Oratio, Contemplatio y Actio. Después, hicimos Lectio Divina con textos del evangelio de Marcos. La primera tarde todo se desarrolló según lo previsto. Hubo algunas intervenciones, no demasiadas, y nuestra pequeña liturgia terminó puntualmente. La segunda tarde profundicé en las explicaciones del día anterior. Distinguimos los textos narrativos de los discursivos. Aprendimos a aplicar los cinco sentidos a las narraciones y a rumiar las palabras de Jesús. Entendimos que la oración es respuesta de todo el ser humano animado por el Espíritu a la Palabra. Cuando le pregunté a Pepe cuánto tiempo faltaba para las nueve, me dijo alegremente: Diez minutos. Y diez minutos dedicamos a practicar la Lectio Divina. Cantamos mientras encendíamos una vela ante una Biblia abierta, se proclamó Mc 15, 33-39 y escuchamos las resonancias que producía la Palabra en cada corazón. Hubo muchas intervenciones. El reloj seguía su marcha implacable. Pero los orantes estaban tranquilos, dejando que la Palabra resonara en su interior, y participándonos a todos sus reflexiones, sus emociones, sus compromisos. Dieron las nueve y, con la miel en los labios, hubo que concluir aquel tiempo de Lectio Divina.

Pepe y yo regresamos a Madrid con el firme propósito de que al día siguiente nos atendríamos al horario previsto. El hablaría media hora y yo unos veinte minutos, dejando cuarenta para la oración. Llegamos a Carranque y percibimos en seguida una acogida cálida, se había creado un generoso clima de confianza. Y percibimos también el deseo y la voluntad de todos en seguir profundizando en la experiencia de la Lectio Divina. Pepe comenzó su catequesis con toda puntualidad y a las ocho ya estaba yo hablando de la oración como respuesta afectiva, oral y corporal a la Palabra. Y éste y aquella y los otros explicaron cómo oraban y manifestaron sus dificultades y preguntaron y… Yo glosaba, explicaba, aclaraba… Diez minutos, me advirtió Pepe, más con ironía que alegremente. Ya no me daba tiempo a pasar a la Lectio Divina. Decidí saltarme los cuatro primeros pasos y me centré en la Actio. Aquellas tres tardes habíamos vivido una experiencia pentecostal, que debía tener su continuidad en el tiempo. En adelante, todos oraríamos con este método que acabábamos de aprender. Pero, además, el grupo sacaría tiempo para practicarlo juntos una vez al mes. Pepe y yo no estaríamos con ellos, pero, gracias a las nuevas tecnologías, estaríamos en contacto y, gracias al Espíritu nos mantendríamos unidos en la oración y en el afecto.

Por tercera vez, Pepe y yo salíamos de Carranque hacia Madrid. Hablábamos de lo que había acontecido en aquel pueblo levantado en plena llanura manchega. Regresábamos a casa con esa alegría que sólo se experimenta cuando se palpan las obras grandes que el Poderoso hace en las gentes que acogen la Palabra y se dejan transformar por su Espíritu. Pepe y yo estábamos perplejos y agradecidos. Nos sabíamos pequeños, meros servidores e instrumentos de la Palabra, y sabíamos que la sabiduría y la pericia hay que reconocérsela al artesano y no a la gubia ni al cincel. Por eso, oramos con las palabras del salmo 92:

Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo.

Tus acciones, Señor, son mi alegría, y mi júbilo, las obras de tus manos.

¡Qué magníficas son tus obras, Señor, qué profundos tus designios! 

Rafa Chavarría

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2 Respuestas a “Noticias

  1. Loli L.Zapata

    29 de noviembre de 2012 at 11:27

    Te damos las gracias Rafael por compartir este precioso testimonio que vivimos juntos el pasado viernes 23 de noviembre el grupo Ruah de la Renovacion Carismatica Catolica en Navalcarnero. El Espíritu Santo es quien nos guía y conduce y, en ese camino, el SEÑOR te ha puesto en nuestro caminar en el crecimiento en la Fe y Amor a Jesucristo. Te esperamos con mucha alegría el próximo viernes 21 de diciembre. Que Dios te bendiga.

     
    • escabycsanpablo

      29 de noviembre de 2012 at 15:59

      El Espíritu sopla cuando quiere y nos lleva por donde quiere. El 21 de diciembre me llevará con el grupo Ruah de Navalcarnero. Si no cambia de parecer, allí estaré, hermanos y hermanas con los que comparto la fe pascual, el mismo amor, el interés por la Palabra y la alabanza. Que tu corazón, Loli, rebose de agradecimiento al Señor que tanto nos ama, y, también, los corazones de todos los del grupo.

       

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