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Archivo de la categoría: Liturgia

Natividad de S. Juan Bautista: Is 49, 1-6; Hch 13, 22-26; Lc 1, 57-66.80.

Nacimiento-de-Juan-BautistaNoche de San Juan. Muchos están bailando alrededor de las hogueras. Otros saborean las típicas cocas. Los hay que llenan las calles con las ruidosas explosiones y el áspero humo de toda clase de petardos. Yo estoy en casa solo y en silencio. Leo contemplativamente las lecturas de la misa de mañana. La primera nos habla de la elección divina. El evangelio, de la gran misericordia del Señor. La segunda lectura describe en pocas palabras la misión de Juan.

Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó en las entrañas maternas y pronunció mi nombre. Saboreo estas palabras. Desde que yo no era más que una célula mínima, el Señor se interesaba por mí. En realidad era él quien iba tejiendo en el vientre de mi madre ese proyecto suyo que soy yo y que sigue desarrollando hasta su plenitud en el reino. Más aún, él pronunció mi nombre y existí, como ocurriera antes con la luz, el cielo, la tierra, el mar, etc. ‘Proyecto suyo’ he escrito. Sí, no soy un capricho ni el divertimento de una divinidad aburrida. Soy alguien llamado a llevar adelante una misión en constante diálogo con ese Dios Padre – Madre que la diseñó con mis genes. Mi vida tiene sentido a corto y a largo plazo. Entregándome a la alabanza divina y al servicio de los demás, voy creciendo hacia el día de la manifestación de Jesús, cuando lo veré como es y seré como él (1Jn 3, 2-3).

Sabemos que Isabel y Zacarías eran un matrimonio fiel a Dios, pero de edad avanzada y sin hijos (Lc 1, 5-7). Hoy se nos cuenta el nacimiento de su hijo Juan. El evangelista escribe: Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. El Señor es misericordioso por naturaleza. Todas sus actuaciones nacen de su corazón sensible y tienen por objeto liberar a los humanos de sus dolores y conducirles a la felicidad. Los vecinos y parientes de Isabel entendieron así el nacimiento de Juan, por eso la felicitan. Pero será Zacarías quien se eleve por encima del acontecimiento hasta su origen, de modo que empezó a hablar bendiciendo a Dios. La suerte, buena unas veces y mala otras, no rige mi vida. Es Dios, rico en misericordia y leal, quien se hace presente en mi historia. Y, si le dejo hacer, veré prodigios y, si soy honrado, reconoceré su misericordia y le bendeciré.

juan-bautistaJuan fue una gran misericordia para sus padres y también para todo Israel. Fue la voz con la que Dios llamaba a su pueblo una vez más a volverse hacia él, a reconocerle como el que le había sacado de Egipto y le había conducido siempre como un padre, a vivir fielmente la Alianza, a ser santo como él mismo es Santo, a ser feliz. Este discurso de Juan, aunque se acompañara con el gesto ritual del bautismo, era el mismo que el de los antiguos profetas. La originalidad de Juan no estuvo en predicar un bautismo de conversión, sino en anunciar la inminente llegada de Uno, el que cumpliría las promesas hechas a Abrahán, a David, a las sucesivas generaciones de israelitas, el definitivo Salvador de Israel y de cualquiera que respete a Dios. Juan reconoció en Jesús a ese Uno, y lo señaló. Luego se apartó y le dejó hacer. Como Juan, los evangelizadores somos precursores de ese Uno, anunciadores de su inminente llegada, dedos que señalan su presencia. Cuando Jesús se revela y la persona lo reconoce y acoge, el evangelizador se aparta discretamente. El Novio y la novia necesitan estar solos.

Rafa Chavarría

 
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Publicado por en 24 de junio de 2015 en Biblia, Lectio Divina, Liturgia

 

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Acción de gracias de fin de curso.

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La comunidad parroquial de San Valentín y San Casimiro de Vicálvaro celebró el domingo pasado una fiesta de fin de curso. Hubo misa de acción de gracias y el típico ‘picoteo’ de confraternización. El párroco habló de las grietas que existen en la parroquia como en toda institución humana. Por ellas nos entra el agua y tememos hundirnos. Sin embargo no debemos centrarnos en esas grietas, lo que nos hace quejumbrosos y, a la larga, nos acaba desesperando. Hemos de poner nuestra atención en Jesús y pedirle confiadamente que nos ayude a superar las tempestades. El se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: ¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma, Mc 4, 39. Jesús tiene hoy el mismo poder, que no se guarda para sí, sino que lo emplea para librarnos de las turbulencias de la vida y para conducirnos al último puerto, el reino de Dios.

La liturgia eucarística comenzó con una procesión de ofrendas ideada para la ocasión. Cada uno de los grupos de la parroquia presentó su ofrenda mientras explicaba la naturaleza del grupo y las actividades que había desarrollado durante el curso. Así, se acercaron al altar representantes de la Adoración Nocturna, de los catequistas, de Cáritas Parroquial, etc. También presentó su ofrenda el grupo bíblico ‘Palabra de Vida’, un cartel que daba cuenta de lo que se había hecho a lo largo del curso. Y copiamos para vosotros el texto que leímos al tiempo que presentábamos nuestra ofrenda:

El curso que ahora clausuramos comenzó para nuestro grupo bíblico ‘Palabra de Vida’ en Cubas de la Sagra. Allí disfrutamos de una jornada de convivencia, acción de gracias y formación, y compartimos sugerencias de mejora para el futuro. En aquella convivencia estuvieron también los otros grupos bíblicos de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’ en Madrid: ‘Santa María Magdalena’ y ‘San Juan Bautista’.

evangelista-mateoEste curso lo hemos dedicado a profundizar en el evangelio de San Mateo. Nos juntamos todos los segundos martes de cada mes para estudiar el texto bíblico, para escuchar lo que la Palabra tiene que decirnos para nuestra conversión, progreso espiritual y crecimiento comunitario, y para compartir nuestra experiencia de oración bíblica, de lectio divina.

En octubre, mes del Rosario, y en mayo, mes de María, nos hemos reunido para orar con la Madre de Jesús, siguiendo el ejemplo de la primera comunidad cristiana. En dos ocasiones nos juntamos para lo que hemos llamado Lectio divina – Rosario. Meditamos, personalmente y en grupos, los cinco misterios a la luz de los textos bíblicos correspondientes. Después rezamos todos juntos el Rosario según la costumbre.

Somos un grupo de la parroquia al servicio de la parroquia. Por eso estamos aquí, agradeciendo con todos vosotros bajo la presidencia de nuestro párroco las gracias recibidas durante el curso. Contad con nuestra colaboración, que desde nuestro carisma particular echaremos una mano. Y quien tenga curiosidad por la Biblia y se sienta llamado a un diálogo orante con la Palabra ya sabe quiénes somos y dónde encontrarnos.

Grupo bíblico ‘Palabra de Vida’.

 
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Publicado por en 23 de junio de 2015 en Crónicas, Liturgia, Noticias

 

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Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús: Os 11, 1-9; Ef 3, 8-19; Jn 19, 31-37.

Corazón de JesúsLa primera lectura nos propone que contemplemos el corazón paternal – maternal de Dios: Cuando Israel era joven le amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Destaca en estos versículos la dimensión afectiva del amor. El Dios de Oseas no es el impasible Brahman hindú ni el lejano motor inmóvil de Aristóteles ni eso que en la New Age llaman Naturaleza o Energía. No. El Dios de Oseas es cariñoso y tierno. Su corazón se conmueve y actúa en consecuencia. Porque el amor de ese Dios Padre – Madre tampoco es comparable al amor romántico que cantan tantas canciones para adolescentes y jóvenes, amor que se va en suspiros y ayes, en atracciones y desengaños. Oseas nos recuerda que Dios sacó a Israel de Egipto por amor, que lo protegió como un padre y lo cuidó como una madre durante la travesía del desierto. Amor divino no correspondido: él no comprendía que yo le curaba. Israel se desentendió de Dios e hizo oídos sordos a sus palabras cariñosas, a sus sabios consejos, a sus gestos liberadores. Se construyó ídolos a su medida, manejables, que le dieran sensación de independencia y fortaleza. Instituyó costumbres y promulgó leyes que justificaran sus caprichos y ambiciones, de modo que los que habían nacido hermanos, hijos de un mismo Dios, se separaron en triunfadores y fracasados, señores y siervos, explotadores y explotados. Israel desterró del país la justicia de Dios sustituyéndola por una injusticia destructiva…

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Publicado por en 11 de junio de 2015 en Biblia, Lectio Divina, Liturgia

 

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Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: Ex 24, 3-8; Heb 9, 11-15; Mc 14, 12-16.22-26.

cachito de cieloEsta fiesta que conocemos popularmente como el Corpus tiene un carácter eminentemente contemplativo. Entro en la iglesia parroquial, busco la lucecita roja y me arrodillo ante el Santísimo. Reconozco la presencia real de Jesús crucificado y resucitado ante mí. El llena el universo y en el Sacramento se me hace visible, tangible y comestible, alimento que me purifica y santifica, que me libra de las obras muertas y me capacita para rendir el culto que el Dios vivo quiere. Me siento, y contemplo el pan vivo bajado del cielo. Murmuro el nombre de Jesús, lo repito, lo rumio, lo saboreo. No quiero reflexionar, que no hay inteligencia capaz de formarse una idea cabal de semejante misterio, ni lengua que pueda reducirlo a un discurso. Mis ojos ven el pan y mis labios pronuncian: Jesús. Así pasan los minutos, contemplando y dejando que él me mire. Su Espíritu me conduce a la serenidad y me hace consciente de que soy amado. Me sobrecojo. Me siento desbordado al descubrir que el Hijo se hizo hombre por mí, se rebajó hasta la muerte por mí, se anonada sobre el altar por mí. Agradezco estas desconcertantes muestras de amor al Señor Resucitado, puerta de acceso al Padre y dador de su misma vida divina, el Espíritu Santo, que me hace hijo y me sostiene en el camino de la felicidad. Y esto es así, aunque yo no lo entienda. No se me pide entender, sino dejarme amar, abrir el corazón y abandonarme…

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Publicado por en 6 de junio de 2015 en Biblia, Lectio Divina, Liturgia

 

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Somos juzgados. Una propuesta de lectio divina: Jn 19, 1-16.

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Sé que estamos celebrando ya la Pascua, pero quiero, de momento, publicar mi lectio divina de esta Semana Santa. La escena central de mi contemplación fue la coronación de espinas con el juicio que siguió después:

Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y acercándose a él, le decían: ‘Salve, Rey de los judíos’. Y le daban bofetadas. Volvió a salir Pilato y les dijo: ‘Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él’. Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Les dice Pilato: ‘Aquí tenéis al hombre’. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: ‘¡Crucifícalo, crucifícalo!’ Les dice Pilato: Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo no encuentro ningún delito en él. Los judíos le replicaron: ‘Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios’. Cuando oyó Pilato estas palabras se atemorizó mucho. Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: ‘¿De dónde eres tú?’ Pero Jesús no le dio respuesta. Le dice Pilato: ‘¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?’ Respondió Jesús: ‘No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me a entregado a ti tiene mayor pecado’. Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: ‘Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César’. Al oír Pilato estas palabras, hijo salir a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: ‘Aquí tenéis a vuestro Rey’. Ellos gritaron: ‘¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!’ Les dice Pilato: ‘¿A vuestro Rey voy a crucificar?’ Replicaron los sumos sacerdotes: ‘No tenemos más rey que el César’. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

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Publicado por en 7 de abril de 2015 en Biblia, Lectio Divina, Liturgia

 

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Solemnidad de Cristo Rey: Ez 34, 11-12.15-17; 1Cor 15, 20-26.28; Mt 25, 31-46.

pantócratorEl pasado uno de noviembre nos invitaba la Iglesia a mirar al cielo. Hoy recibimos la misma invitación. Entonces contemplamos una multitud de santos, sin embargo hoy no tenemos ojos más que para el Santo, el que es funte de toda santidad: Al punto se apoderó de mí el Espíritu. Vi un trono colocado en el cielo y en él sentado uno cuyo aspecto era de jaspe y cornalina; rodeando el trono brillaba un halo como de esmeralda, Ap 4, 2-3. Nuestra vista se va acomodando poco a poco a tanta luz, y entrevemos la figura de un cordero como sacrificado. Entonces oímos el clamor de todas las criaturas: Al que está sentado en el trono y al Cordero la alabanza y el honor y la gloria y el poder por los siglos de los siglos, Ap 5, 13. El Cordero está a la vez sacrificado y erguido. Recordemos que el Resucitado les mostró a sus discípulos las llagas de las manos y el costado (Jn 20, 20a). Este Cordero es aquel que fue arrebatado al trono desde el seno mismo de la muerte: El dragón estaba frente a la mujer en parto, dispuesto a devorar la criatura en cuanto naciera. El hijo fue arrebatado hacia Dios y hacia su trono, Ap 12, 4b.5b. La serpiente antigua, el diablo o Satanás, quiso devorarlo, sin embargo él la venció con su fidelidad amorosa al Padre y a los hombres. Por esto celebramos hoy al Cordero, al que nos liberó de todo poder diabólico, a Cristo Rey…

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Publicado por en 24 de noviembre de 2014 en Biblia, Lectio Divina, Liturgia

 

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Domingo 32º Ordinario. Dedicación de la Basílica de Letrán: Ez 47, 1-2.8-9.12; 1Cor 3, 9c-11.16-17; Jn 2, 13-22.

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Estoy arrodillado en la capilla del castillo de Javier. Ante mí, Cristo crucificado. Hago un sencillo acto de fe: ‘Tú vives. Tú eres Señor. Tu gloria llena el universo. En ti reside toda la plenitud de la divinidad’. Mi mirada se centra en la llaga de su costado derecho. De ella mana una corriente de agua que corre hacia levante. Estas aguas son aquellas de las que escribió Ezequiel: Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán.

Se agolpan en mi cabeza un montón de imágenes. Matrimonios rotos. Jóvenes sin horizontes, atrapados por la droga, el alcohol, el consumismo compulsivo. Cadáveres abandonados en la calle u ocultados a la justicia en una fosa común. Niños que no llegan a nacer porque sus madres sienten miedo, están desamparadas o tienen otras prioridades. Ancianos solitarios que se consumen lentamente sin recibir afecto. Pueblos masacrados. Cristianos perseguidos. Gente desesperada que mendiga un mendrugo de pan y una pizca de respeto. Tráfico de personas cuya dignidad se sacrifica en el altar de los beneficios económicos. Engaños, opresión, manipulaciones, abusos…

Se me encoge el corazón. ¿La humanidad es realmente así, una especie de mar de aguas salobres donde la vida no puede desarrollarse con alegría? Yo mismo no soy más que una gota de agua de ese mar. También tengo mis dolores, frustraciones, fracasos, desengaños. Sobrevivir y satisfacer mis deseos me resulta prioritario. Con tal de lograrlo no me importa hacer daño a este o al otro. Yo, como todos, soy un hombre que sufre y peca. Aquí, en la capilla del castillo de Javier, me reconozco débil y vulnerable. Me siento solo, e impotente para la alegría y la felicidad. Me tapo la cara con las manos, estoy llorando. ¿No hay esperanza para este mar muerto que somos nosotros los humanos?

Oigo algo del discurso que Dios dirigió a Ezequiel: Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. La vida se le escapa a Cristo por la llaga del costado y se precipita en estos abismos míos infectados de egoísmo y despropósitos, sufrimiento y desesperación. Siento que sano y que reverdezco. Sé que llegaré a florecer y dar fruto. Alzo mis manos juntas, como formando una copa, hacia la fuente que no deja de manar. Me doy cuenta de que Cristo me sonríe. Un tanto avergonzado, yo sonrío también. Me dejo querer. Me olvido de mí, y los ojos se me llenan con la sonrisa de Cristo. Grito: ¡Aleluya!; y prosigo: ¡Ha empezado a reinar el Señor nuestro Dios, soberano de todo! Hagamos fiesta, saltemos de gozo y démosle a él la gloria, porque han llegado las bodas del Cordero. La esposa se ha ataviado, le han regalado un vestido de lino puro, esplendente, Ap 19, 6-8.

Rafa Chavarría

 
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Publicado por en 8 de noviembre de 2014 en Biblia, Lectio Divina, Liturgia

 

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