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Archivos Mensuales: octubre 2014

Solemnidad de Todos lo Santos: Ap 7, 2-4.9-14; Jn 1, 1-3; Mt 5, 1-12ª.

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Escribir sobre los santos siempre me resulta equívoco. Santo solo es Dios, la Santa Trinidad. Él persiste sin nacimiento ni fin. Es el alfa y la omega de todo lo que existe, su origen y su destino. Crea cada realidad con originalidad de artista. No hay dos realidades idénticas. Conoce el nombre de cada una y la reconoce en la multiplicidad. Dios gusta de lo único y lo diverso a la vez. Es el Señor del orden y de la belleza. Es el padre de todos los vivientes, a los que comunica su capacidad creadora y los envía a poblar el universo. Cada hombre y cada mujer es un hijo infinitamente amado al que el Padre comunica su Espíritu con el fin de que alcance a reproducir la plenitud del Hijo. Dios es el garante de la libertad y la armonía. Cualquier injusticia le hiere en lo más hondo. Tiene infinita paciencia y sabe reconducir con mano suave y firme la historia de los hombres, devolverla al camino real que conduce a la consumación de su proyecto creador, la humanidad nueva, la nueva Jerusalén, el banquete del reino.

Me siento como Isaías cuando contempló la gloria del Señor en el Templo y oyó gritar a los serafines: ¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de tu gloria!, Is 6, 1-4…

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Publicado por en 31 de octubre de 2014 en Biblia, Lectio Divina, Liturgia

 

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Una tarde de Lectio divina – Rosario

Navidad2Hace unas semanas el grupo ‘Palabra de Vida’ os invitaba a participar en un rato de oración bíblica y mariana a la que llamamos ‘Lectio divina – Rosario’. El evento se celebró el sábado pasado en la parroquia de San Valentín y San Casimiro de Vicálvaro (Madrid). Yo soy el menos indicado para escribir esta crónica, pues, como organizador, estuve pendiente de que la oración se desarrollara sin prisa ni pausa. Cualquier otro de los participantes os hubiera hablado de los movimientos interiores de su corazón, de la gracia que supuso orar unidos al Padre común con la Madre de Jesús en medio de la comunidad, como las primeras semanas de la Iglesia (Hch 1, 14). Me contentaré, pues, con una crónica más o menos periodística…

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Publicado por en 29 de octubre de 2014 en Biblia, Crónicas, Lectio Divina, Noticias

 

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Domingo 30º Ordinario: Ex 22, 21-27; 1Tes 1, 5c-10; Mt 22, 34-40.

Seguimos efescuchando la proclamación de los llamados ‘relatos de controversias’. Los líderes de Israel -sacerdotes, escribas, fariseos, herodianos- formulan preguntas a Jesús para ponerlo a prueba y desacreditarle ante el pueblo y colocarlo en el punto de mira de la policía romana. Hoy los fariseos vuelven a la carga, animados porque había hecho callar a los saduceos con una cuestión sobre la resurrección, en la que no creían (Mt 22, 23-33). Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? En realidad no se trata más que de una pregunta escolástica. Los maestros enseñaban que la Ley contenía 613 mandamientos distintos, de los cuales 248 eran preceptos positivos y 365 eran prohibiciones. Los había ‘pesados’, dada la gravedad de la materia que regulaban, y otros se consideraban ‘ligeros’. Era corriente que en las escuelas se tratara de establecer una jerarquía de preceptos y se debatiera sobre ello.,,

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Publicado por en 28 de octubre de 2014 en Biblia, Lectio Divina

 

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Domingo 29º Ordinario: Is 45, 1.4-6; 1Tes 1, 1-5b; Mt 22, 15-21.

pantócratorJesús sigue discutiendo por los atrios del Templo. Ya ha puesto en evidencia a los sumos sacerdotes y a los senadores, hombres que se ocupan de sí mismos y que entienden a Dios como un lacayo a su servicio. El Maestro se enfrenta hoy a una conspiración formada por discípulos de los fariseos y un grupo de herodianos. El fariseísmo se caracterizaba por no reconocer a otro señor fuera del Dios de los padres, protector de Israel y garante de su libertad y progreso. La única ley que los fariseos respetaban era la de Moisés, la escrita y la oral, cuyo cumplimiento les garantizaba el favor de Dios. Pagar impuestos a Roma era para ellos una humillación, pues de alguna manera implicaba aceptar un poder fuera de Dios y renunciar a su identidad y a su autonomía. Los herodianos eran partidarios de la dinastía extranjera del gran Herodes, cuya cabeza era en esos momentos el tetrarca de Galilea Herodes Antipas. Contemporizaban con las instituciones del imperio porque el poder del César les garantizaba su influencia política y su bienestar económico. Pagar impuestos  era para ellos obligado. Solo así se mantendría la paz y, por lo tanto, ellos seguirían conservando sus privilegios. Dos grupos tan diametralmente opuestos no podían unirse sino con una intención malévola.

Jesús les deja hablar. Le adulan para acabar formulándole una pregunta que obliga a tomar partido por uno de los dos bandos y enemistarse con el otro: Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no? Además, contestar afirmativamente suponía perder su ascendiente sobre el pueblo, que estaba harto de trabajar para el romano invasor. Por otra parte, si el Maestro se decantaba por el ‘no’ se exponía a ser tomado por un rebelde y acabar en prisión. Jesús comprende su mala voluntad: ¡Hipócritas!, ¿por qué me tentáis? Pero no elude dar una respuesta. Sabe que los que le preguntan son un grupo artificial integrado denario_roma[1]por facciones enfrentadas. Primero responde a los herodianos: Pues pagadle al César lo que es del César. La cara y la inscripción del denario son el signo del poder del César, al que reconocéis como señor. Rendidle homenaje pagando el impuesto. O, en realidad, ¿vosotros sabéis amañar vuestra contabilidad y le escamoteáis los denarios que podéis mientras obligáis a los demás a pagar? Porque, seamos sinceros, ¿a quién le gusta pagar impuestos? ¡Hipócritas! Y vosotros, fariseos, que confesáis que solo Dios es señor, ¿de verdad le rendís el culto que él desea? ¿Ya le entregáis el corazón y sois misericordiosos como lo es él? ¡Hipócritas! Pagadle a Dios lo que es de Dios.

Jesús puso en evidencia a los herodianos y a los fariseos: ¡Hipócritas! Esta palabra restalla en mis oídos. Me estremezco. Caigo en la cuenta de que mis valores no son más evangélicos que los de aquella gente. Yo me tengo por seguidor de Jesús, pero siempre encuentro excusas para desviarme por sendas más cómodas y gratificantes que las que sigue el que reconozco como mi Maestro y Señor. Cuándo creeré las palabras de Pablo: Nosotros predicamos un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres, 1Cor 1, 23-25.

Rafa Chavarría

 
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Publicado por en 24 de octubre de 2014 en Biblia, Lectio Divina

 

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De encuentros con el Señor. Un testimonio de fe.

encuentro con JesúsEmpecé a oír hablar del encuentro con el Señor (o estuve preparada para ser consciente entonces) en el movimiento católico Comunión y Liberación, aunque no entendía lo que significaba. Por otra parte lo que a mí me preparó para reconocer como tal el encuentro con el Señor que tuve en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011, fue el citado movimiento Comunión y Liberación y mis compañeros de trabajo evangélicos.

Fui siendo cada vez más consciente de que necesitamos estar con el Señor para vivir la vida cristianamente. Así llegué a la JMJ, que fue una semana de Gracia de Dios, como dijo que sería el cardenal Rouco en una eucaristía durante la preparación de la Jornada, y que  yo experimenté. En mis tareas como voluntaria, alojando jóvenes en el colegio de Vicálvaro, fui consciente de que el Señor me ayudó palpablemente en dos ocasiones.

El último día, después de despedir a los jóvenes y a sus representantes y después de limpiar, nos fuimos a comer  los voluntarios del colegio. Más tarde me fui a mi casa y me sentí con el Señor durante un tiempo largo. No puedo describir cómo fue, porque no hay palabras que lo describan ni se puede comparar con nada que yo conozca. Tuve un anticipo del Cielo.

Este fue el arranque de mi madurez en la fe. Pasé un tiempo aclarándome. Conté mi experiencia a las personas de mi entorno. Los consagrados, al terminar de hablar yo, me describían el momento en el que los llamó del Señor. Lo que más me confortó fue que mi antigua compañera de trabajo, que es evangélica, al terminar de contarle mi experiencia me dijo que, cuando era jovencita, a ella le pasaba lo mismo siempre que hacía lectura orante de la biblia.

A partir de aquí he ido madurando en la fe, mejorando mi relación con el Señor. Todas estas mejoras son gracias a Dios. Él me pide evangelizar, siento la necesidad de hacerlo y me da facilidades para ello. También me conforta durante los encuentros con Él, que sigo teniendo. En un curso bíblico aprendí que los encuentros con el Señor no tienen por qué ser iguales unos a otros y que todo lo que no es nuestro es del Señor. Por eso entendí el siguiente encuentro con Su Majestad, como diría Santa Teresa.

 Se produjo días después en el citado curso bíblico en el que, después de una charla relativamente breve, se hace Lectio Divina durante más de media hora con el Texto Bíblico que se ha leído al principio. Lo estaba leyendo despacio, buscando si algo me llamaba la atención, era la tercera vez que lo leía y entonces un pequeño párrafo se puso como en negrita y se me acercó. A la vez una línea fina de luz estaba entre el párrafo y yo. Vi esto, pero seguí con la dinámica de la Lectio Divina. Me quedé un rato “rumiando” el párrafo, es decir, repitiéndolo interiormente, con el corazón. Luego recé. Al terminar  estaba contentísima por lo que había pasado. Cuando se lo conté a mi compañera evangélica me dijo: “Así es el Espíritu Santo”. Esta respuesta me encantó.

Ana Mª C. D.

 

 
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Publicado por en 16 de octubre de 2014 en Biblia, Colaboraciones, Crónicas, Lectio Divina

 

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Como niños. Una propuesta de lectio divina: Mc 10, 13-16.

jesus-niñosLe presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y le dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el reino de Dios como niño, no entrará en él. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.

1.- Lectio: Lee entendiendo.

Los discípulos se tomaban muy en serio a Jesús. Su maestro hablaba de cosas muy importantes, no aptas para los oídos de comadres curiosas ni para los de sus niños, incapaces a su edad de entender a los adultos. Las enseñanzas del maestro eran cosa de hombres. ¿Qué hacían aquellas mujeres rompiendo el círculo de varones y adelantando a sus rapazuelos hasta su venerado maestro para que él los tocase? Los discípulos les reñían. No cabía hacer otra cosa que impedir aquella falta de respeto. Pero Jesús no estaba en absoluto de acuerdo con ellos: se enfadó; y aprovechó para darles una de esas lecciones desconcertantes tan propias de él: Os lo aseguro, el que no recibe el reino de Dios como un niño no entrará en él. Jesús acompañó sus palabras con una enseñanza gestual: Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos. O sea, el auténtico discípulo de Jesús, el que desea entrar en el reino debe acoger el don de Dios con actitudes de niño…

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Publicado por en 14 de octubre de 2014 en Biblia, Lectio Divina, Recursos

 

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Yo leí ‘El peregrino ruso’

Edición de JA PedregosaMe compré este libro porque fui a acompañar a Pepe Pedregosa, que nos daba el curso bíblico en la parroquia,  cuando estuvo firmando libros en la Feria del Libro de Madrid. Nunca había leído ningún libro sobre la oración. No buscaba más que  entretenerme o aprender algo. Me encandiló desde la primera página. Se lee muy bien. Es muy agradable leer lo que un cristiano puede hacer por los demás. Sin darme cuenta este libro caló muy hondo en mí. Estuve en la presentación del libro en la librería San Pablo y recordaba lo que nos explicaron, cómo rezan los orientales y que es muy parecido a nuestro rosario. Me preguntaba si actualmente habría gente que rezara continuamente, aunque no llegué a consultarlo.

Empecé a rezar el rosario en el metro, cuando se paraba entre dos estaciones, es decir, esporádicamente. Luego fui rezando durante todo el trayecto, al ir y al volver del trabajo. Más tarde comencé a rezar también por la calle. Al principio pensaba que podría distraerme y que me pillaría un coche o algo así, pero comprobé que estaba más atenta que nunca. Por otra parte no importaba que, por ejemplo, en un momento me distrajera mirando un escaparate,  luego retornaba la oración.

Cuando empecé a rezar el rosario en el metro lo hacía como se reza normalmente. Intenté aprenderme de memoria los misterios de cada día, pero después mi oración se hizo sólo de avemarías y algún padrenuestro. Yo ponía toda mi voluntad en rezar así. Pero un día me levanté de la cama y estaba rezando sin habérmelo propuesto. Esto me encantó. Luego aprendí, gracias a Rafa Chavarría, que nos da ahora el curso bíblico, que  esto es así porque el Espíritu Santo ora en nosotros. Actualmente esto me pasa bastante a menudo.

Rezo para estar con el Señor, aunque él está siempre. Rezo para acercarme a él, para ser consciente de su presencia. Rezo alabando a Dios, dándole gracias, pidiendo perdón por mis pecados e implorando su misericordia para no pecar y para tener plena conciencia de pecado. Le pido que se cumpla en mí y en otros muchos su voluntad. También le pido cosas concretas, pero diciéndole que se cumpla su voluntad en mí o en las personas por las que estoy pidiendo. También le venero.

El Señor me concede multitud de cosas espirituales y materiales. También me pide hacer cosas, como evangelizar; es decir, me hace consciente de necesidades a las que puedo atender. Pero me asiste, me ayuda a hacerlo, y se hace presente en mí de forma especial, tengo encuentros con Él.

Nota bibliográfica: El Peregrino ruso. Edición comentada y preparada por José Ignacio Pedregosa Ordóñez. Editorial San Pablo,  año 2011.

Ana Mª C. D.

 

 
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Publicado por en 12 de octubre de 2014 en Colaboraciones, Recursos

 

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