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Archivos Mensuales: abril 2013

Domingo 5º de Pascua: Hch 14, 21-26; Ap 21, 1-5; Jn 13, 31-35.

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Levanto los ojos. Descubro más allá de las nubes y por encima de la cúpula celeste una ciudad de oro y piedras preciosas, toda luz. Es la ciudad santa, la nueva Jerusalén. Su verdadera belleza y su auténtico valor estriban en ser la morada de Dios con los hombres. Es un sueño. Más todavía, es una promesa y una esperanza. De alguna manera, mi corazón sabe que no puede encontrar vida auténtica y paz perpetua, felicidad, lejos de Dios. No soy un caminante que vaga sin rumbo. Soy un peregrino, compañero y seguidor de Jesús, el que me ha regalado la alegría de vivir, la conciencia de ser amado y la posibilidad de amar, el que ha abierto la puerta de la ciudad santa y la ha dejado abierta para mí, el que me llama con susurros de esposo desde el interior de la nueva Jerusalén y me va engalanando para un perfecto disfrute de amor cuando yo entre en ella.

Mis ojos descienden. Contemplan el sinuoso, polvoriento, largo y estrecho camino que tengo por delante. Sé que hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios. Soy débil. No confío en mis fuerzas, que ya han demostrado ser inútiles para tan alta y prolongada empresa. Sólo puedo confiar en él, que me amó, se entregó por mí y me ha infundido su propia energía, su misma vida, su Espíritu. Así pasan los días de mi peregrinación, actualizando constantemente mi fe en Jesús muerto y resucitado y procurando mantener viva la esperanza de participar un día de su gloria.

Mi camino peregrino no corre por estepas solitarias, sino que serpea atravesando las ciudades donde muchos otros hombres habitan. Jesús, antes de volver al Padre, dictó su testamento: Os doy un mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Mi fe y mi esperanza de peregrino se verifican en este amor universal que no distingue entre pobres y ricos, poderosos y débiles, famosos y anodinos. Amor que es conmoción ante la necesidad del otro, que es respeto y disponibilidad, que es cariño y servicio. Amor que no es don personal mío, sino entrega de lo que he recibido del único amante y en la medida que él me lo dio, sin racanerías ni mediocridades; y bien sé que todo lo que soy y tengo lo he recibido de él sin que se haya reservado ni un suspiro para que yo viva. Y el camino sigue y sigue, confiando, esperando, amando.

Rafa Chavarría

 
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Publicado por en 28 de abril de 2013 en Biblia, Lectio Divina

 

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Domingo 4º de Pascua: Hch 13, 14.43-52; Ap 7, 9.14-17;Jn 10, 27-30.

pastor en siria

Quisiera vaciar mi mente de percepciones erróneas de la realidad y de esos proyectos míos a los que me aferro, porque creo que cuando los cumpla me sentiré satisfecho de mí mismo y feliz. Quisiera vaciar mi corazón de todo ese marasmo de sentimientos que me elevan hasta la euforia y me hunden hasta la depresión. Ojalá fuese capaz de dejar mi mente y mi corazón en blanco, para escuchar esa voz tuya que pronuncia mi nombre con acento de pastor bueno, de maestro, de amigo, de esposo, de Señor, y responderte con afecto y confianza de ovejuela, discípulo, amigo, esposa, humilde criatura y seguidor incondicional. Tú me sondeas y me conoces infinitamente mejor que yo mismo, hombre siempre confuso. Tú sabes bien que no puedo ofrecerte otra cosa que mis ‘quisiera’, mis buenos deseos, y mi convencimiento de que solo tú puedes satisfacerlos. Sé generoso, y sopla sobre mí el incandescente viento de tu Espíritu. Que él vacíe el desván de mi mente y el sótano de mi corazón. Que tu vida eterna, tan llena de sentido, plena de verdad y amor, vida de perfecta calidad e inacabable, entre a raudales en mí y corra por mis venas hasta alcanzar mis rincones más recónditos. Que permanezca siempre en comunión contigo, único absoluto. Que nada ni nadie me aleje de tu seguimiento, de ese camino que recorres delante de mí hacia la plenitud. Que nada ni nadie me separe de ti. Que nada ni nadie me arranque de tu mano.

Rafael Chavarría

 
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Publicado por en 27 de abril de 2013 en Biblia, Lectio Divina

 

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