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Domingo 23º Ordinario: Is 35, 4-7a; St 2, 1-5; Mc 7, 31-37.

PalamósPasó julio. Ha terminado agosto. Han quedado atrás playas, casas rurales, balnearios, ciudades y parajes exóticos. Hemos regresado a casa, al trabajo, a la rutina. Me pregunto en qué medida Dios y el Evangelio han formado parte de mis vacaciones. He asistido cada domingo a la celebración de la eucaristía. Era lo mínimo que podía hacer, cumplir con el precepto. El resto de la semana, no habiendo precepto que me obligara, me entregaba generosamente a la holganza sin pensamiento ni lectura ni oración ni gesto religioso alguno. En definitiva, he vivido las vacaciones como un sordomudo, atento solamente a mi descanso y al disfrute inmediato.

Digo que he regresado a mi vida ordinaria como un sordomudo. Y en este primer domingo de septiembre el profeta Isaías comunica promesas divinas: Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará. El sordomudo vive aislado. No interactúa con su entorno. No oye, por lo tanto no es capaz de recibir información. No habla, lo que significa que no puede comunicarse. Dios quiere sacarme de mi aislamiento. El ser humano aislado es un ser decadente. Solo en diálogo con Dios, los otros y su entorno en general, los humanos progresamos y desarrollamos el proyecto original del Creador sobre nosotros que reconocemos cumplido en Cristo Jesús.

Jesús pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Pasa hoy a mi lado y me presento ante él tal y como estoy: sordo, mudo, aislado, autocomplacido. Necesito dar por terminadas mis vacaciones. Necesito que Jesús toque mis oídos y mi lengua al tiempo que me dice effetá. Necesito dialogar con Dios, con los otros, con todo lo que me rodea. Necesito vivir, crecer, progresar y ser feliz.

Rafa Chavarría

 

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Publicado por en 4 de septiembre de 2015 en Biblia, Lectio Divina

 

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El sermón misional. Lectio divina: Mt 9, 35-11, 1. (Continuación)

Yo os envío

Jesús envía a los doce con unas instrucciones muy concretas. En primer lugar, los destinatarios de la misión serán las ovejas descarriadas de Israel, Mt 10, 6. Más adelante se hablará del testimonio ante los paganos (Mt 10, 18), lo que se corresponde con la práctica de la comunidad primitiva después de la resurrección (Mt 28, 19; Hch 11, 19-24 y el resto del libro). La misión debe empezar por los más cercanos, y ya irá mostrando el Padre el camino a seguir. El mismo Jesús se sentía enviado a Israel (Mt 15, 24), aunque atendió a los paganos que se acercaron a él con fe (Mt 8, 5.28; 15, 22). Dejemos constancia del paralelismo entre Mt 10, 5-6 (paganos, Samaría, Israel) y Hch 1, 8 (Jerusalén, Judea, Samaría, los confines del mundo).

La segunda instrucción se refiere a la naturaleza de la misión: Por el camino proclamad que ya llega el reinado de Dios, curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios, Mt 10, 7-8a…

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Publicado por en 21 de julio de 2015 en Biblia, Lectio Divina

 

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Domingo 14º Ordinario: Ez 2, 2-5; 2Cor 12, 7-10; Mc 6, 1-5.

amor3Marcos nos descubría el domingo pasado la importancia de la fe, de la confianza absoluta en Jesús. El que sufre y se acerca a Jesús creyendo que él es el enviado del Padre con poder se verá libre de su dolor y accederá a una vida nueva. El evangelista nos habla también hoy de la fe con un relato que resulta ser una antítesis del anterior. Si entonces Jesús reconoció que la mujer se curó gracias a su fe (Mc 5, 34) y animó a Jairo a mantenerse firme en la fe (Mc 5, 36), en Nazaret se extraña de la falta de fe de sus paisanos.

Jesús entra en la sinagoga de Nazaret y se pone a enseñar. Hace lo que tiene por costumbre hacer cuando entra en un pueblo. Así había hecho en Cafarnaúm según Mc 1, 21, por ejemplo. Generalmente, la gente se asombra de su enseñanza, a la que suele acompañar un acto de poder, y se asombra y se pregunta quién es Jesús. A veces hay entre los oyentes hombres que esperan incumpla la ley para acusarlo ante las autoridades y desprestigiarlo ante el pueblo (Mc 3, 1-2). Los nazaretanos ni se muestran expectantes ni le acechan para destruirle, simplemente tienen su propia imagen de Jesús. Todos en Nazaret conocen a su familia, una familia sencilla de trabajadores sin títulos académicos, como todas las demás que hay en el pueblo. Y ahora tienen ante ellos a un sabio maestro rodeado de discípulos y capaz de hacer con sus manos auténticos milagros. Realmente absurdo, ¡escandaloso!

Nos tenemos por fieles seguidores de Jesús. Estamos muy familiarizados con él. Charlamos con él en la oración. Experimentamos su salvación en los sacramentos. Leemos los evangelios y otros libros que hablan de él. A lo largo de muchos años nos hemos formado una imagen de él. Me pregunto si no nos aferramos demasiado a esa imagen, hasta el punto de haber hecho de ella un ídolo. El progreso espiritual que nos enseñan los místicos consiste en ir superando las imágenes que nos hacemos de Jesús y los discursos con los que intentamos explicar su misterio. ¿Qué vio san Juan de la Cruz en la cumbre del místico monte Carmelo? ¡Nada! La tentación de reducir a Jesús a los límites de nuestra comprensión y nuestras expectativas es muy fuerte. Si caemos en ella, no seremos agraciados con toda la fuerza de su poder. Jesús no podrá, como no pudo en Nazaret, hacer ningún milagro en nuestra vida.

La Iglesia guarda el depósito de la revelación. Esto no quiere decir que lo sepa todo sobre Jesús. De hecho, cada generación cristiana destaca y centra su experiencia de fe en ciertos aspectos del infinito misterio de Jesús. La Iglesia, motivada por los cambios históricos, los nuevos movimientos culturales, las intuiciones y discusiones internas, relee una y otra vez las Escrituras y la Tradición. En cada relectura, rescata algún rasgo del rostro de Cristo en el que no había reparado, algún aspecto del misterio de la salvación al que no había dado suficiente importancia, algún imperativo que en circunstancias anteriores pasaba desapercibido. Es el Espíritu quien conduce a la Iglesia hacia la verdad plena, hasta el perfecto conocimiento intelectual y experiencial del Misterio allá en el banquete del reino. Si la Iglesia no estuviera atenta a las mociones del Espíritu y se contentara con repetir año tras año lo poco que sabían los antepasados, no se renovaría, no sería testigo creíble del Evangelio ni fermento en la masa cambiante de las sucesivas culturas, y sería un obstáculo para que el Espíritu realice su obra, siempre nueva y sorprendente, entre los hombres.

Rafa Chavarría

 
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Publicado por en 5 de julio de 2015 en Biblia, Lectio Divina

 

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El sermón misional. Lectio divina: Mt 9, 35-11, 1

fe

Hemos visto a Jesús proclamando el evangelio del reino y liberando a la gente de sus innumerables esclavitudes. Jesús se ha entregado a esta tarea porque el Padre le ha enviado como Hijo partícipe de su propia vida, ungido por el Espíritu Santo. Jesús evangeliza por obediencia al Padre, pero también por imperativo de su propio amor hacia los hombres. Jesús quiere llegar a todos. Para cumplir este deseo escoge apóstoles, les comunica su poder y los envía a la misión con una serie de instrucciones.

1.- Jesús ama a la multitud

Mateo resume en un versículo toda la actividad de Jesús desde el capítulo cinco. Jesús sería un itinerante que enseñaba la buena noticia del reino y curaba toda clase de dolencias (Mt 9, 33). Ahora, se detiene a mirar, a tomar conciencia de la realidad de la gente. Ve demasiada desorientación y excesivo sufrimiento: andaban maltrechos y prostrados, como ovejas sin pastor, Mt 9, 36. Vista y reconocida la situación de la multitud, Jesús se conmovió por ellos. Jesús vive abierto a la verdad y se deja afectar por ella. Estos son los dos primeros pasos del amor: la mente percibe la verdad y el corazón se emociona. Jesús, después de ver y emocionarse, actúa en consecuencia. Ya hemos visto en el sumario que se dedicó a enseñar y curar…

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Publicado por en 2 de julio de 2015 en Biblia, Lectio Divina, Recursos

 

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Testimonio de fin de curso

Lapascua 1 andadura de nuestro grupo comenzó casi sin pensar a mediados del curso 2013/14. Lógicamente no dio tiempo para mucho, unos comentarios generales a los evangelios de San Marcos y San Mateo. Pero gracias a esas pocas reuniones nos conocimos, y comenzamos este curso sobre la base de unas relaciones amistosas y con la Biblia entre las manos y en el corazón. La Biblia nos ilusionaba, y además Rafa nos la explicaba de forma inteligente, amena y clara.

Comenzamos el curso 2014/15 en Cubas de la Sagra, unidas a los grupos ‘Palabra de Vida’ y ‘Santa María Magdalena’ de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación ‘San Pablo’ en Madrid. Entonces nos dimos el nombre de Grupo Bíblico ‘San Juan Bautista’, el precursor de la Palabra, el que supo callar cuando ella comenzó a hablar. Aquella jornada de apertura de curso resultó muy completa: charla, oración, convivencia y, al final, la Eucaristía.

El curso que ha terminado ahora ha merecido la pena. Hemos empezado a conocer y a amar la Biblia, y a orar con ella, pues debe iluminar todas las situaciones de nuestra vida. A fin de cuentas, nuestro objetivo no es saber mucho, cosa que no satisface el alma. No. Pretendemos convertirnos, acercarnos al Señor y a los hermanos, vivir en comunión con la Iglesia y rezar con ella. Este curso hemos trabajado San Lucas, Hechos de los Apóstoles y Salmos. Hemos sentido cómo ardía nuestro corazón cuando escuchábamos la Palabra. Hemos compartido reflexiones y experiencias personales, y  nos hemos enriquecido mutuamente con ellas.

Hoy, cuando cerramos el curso, decimos con el salmista “Doy gracias al Señor en la asamblea en compañía de los rectos de corazón”. Y manifestamos nuestra voluntad de seguir creciendo en el conocimiento y amor al Señor. Ahora nos toca un pequeño descanso. En septiembre retomaremos la tarea.

Grupo bíblico ‘San Juan Bautista’.

 

 
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Publicado por en 30 de junio de 2015 en Biblia, Crónicas, Lectio Divina

 

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Domingo 13º Ordinario: Sab 1, 13-15; 2, 23-25; 2Cor 8, 7-9.13-15; Mc 5, 21-43.

jairoHe releído varias veces el texto de Marcos que se proclamará en la misa de este domingo. Es una narración muy plástica, fácil de seguir con la imaginación. Está llena de matices que invitan a una sosegada meditación. En el momento de escribir lo que he vivido durante mi lectio divina no sé por dónde empezar. Así que anotaré a vuelapluma los detalles en los que más me he detenido.

Dos personajes se acercan a Jesús. Del primero se subraya su relevancia en la comunidad de Cafarnaúm y se apunta su nombre: Un jefe de la sinagoga que se llamaba Jairo. El otro personaje es una mujer anónima. Ambos personajes sufren. El, porque su hija se muere. Ella, porque padecía flujos de sangre desde hacía doce años y ningún médico había sido capaz de curarla. No importa quién sea yo. Hombre o mujer, persona principal o plebeya, famoso o desconocido. Como cualquier ser humano sufro, y Jesús, rodeado de una multitud, me espera junto al lago. Yo soy importante para Jesús. Soy objeto de su amor y el destinatario de su misión salvífica.

Jairo se arrodilló ante Jesús y le suplicó con insistencia. Se comportaba como el leproso (Mc 1, 40-41) o la mujer fenicia (Mc 7, 25-30). Sin embargo, la mujer de los flujos de sangre no se presenta ante Jesús ni se arrodilla ante él ni le expone su necesidad. Ella solo le toca el vestido, pensando que eso bastaría para curarse. No importa cómo se acceda a Jesús, con el protocolo establecido o de otra manera. Lo importante es el convencimiento de que Jesús está ahí para salvarme, la fe. Hija tu fe te ha curado, afirmará Jesús, y confortará a Jairo: No temas; basta que tengas fe. Hace dos mil años podía encontrarse a Jesús junto al lago, un Jesús visible y tangible del que la gente hablaba. Hoy está vivo y permanece al alcance de nuestra voz y de nuestra mano, y su Espíritu está pronto para sanarnos. Basta una breve súplica o tocarle el manto, que él ya sabe lo que nos hace falta.

tocando-a-jesúsTanto Jairo como la mujer superarán cierta oposición. A la mujer se oponía la opinión de los médicos que la habían desahuciado. También, la gente que se agolpaba alrededor de Jesús. Ella hará caso omiso a los sabios y creerá a los sencillos que hablaban de los prodigios que hacía Jesús. Y se acabará abriendo paso entre la multitud, superando la tentación de abandonar antes de haberse esforzado todo lo posible. Jairo se enfrentará a una noticia terrible y a un consejo sensato: Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar al Maestro? Será Jesús quien le anime a seguir esperando contra toda esperanza. También Jesús tendrá que cruzar la barrera de los que se reían de él. La vida es un sendero tortuoso en el que nos topamos con muchos obstáculos que dificultan nuestro avance y que afrontamos con gran esfuerzo. Esta andadura nos agota y, en ocasiones, llegamos a sentirnos al borde de la desesperación. Muchas veces nos encontramos en situaciones que no sabemos cómo abordar y, por más que nos esforcemos, somos incapaces de superar. Tenemos que prestar atención a Jesús que nos dice: No temas; basta que tengas fe; y debemos descargar con absoluta confianza nuestro agobio en él y armarnos de paciencia (Mt 11, 8). No olvidemos que somos hijos de un Padre que nos ama y vive atento a nuestras necesidades (Mt 6, 24-34). Además, es un Padre que lo puede todo, aun lo que nosotros calificaríamos, con toda humildad y sentido común, de imposible (Mc 10, 27).

Rafa Chavarría

 
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Publicado por en 28 de junio de 2015 en Biblia, Lectio Divina

 

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Seguir a Jesús. Lectio divina: Mt 8, 18-22; 9, 9-17. (Final)

banquete-de-jesús3.- Fin del seguimiento

Estando Jesús en la casa, sentado a la mesa, Mt 9, 10. El evangelista nos introduce en un banquete en el que Jesús es el anfitrión; le rodean sus discípulos. Muchos recaudadores y pecadores se suman al banquete. Banquete significa amistad, comunión, compartir, abundancia, alegría, felicidad. Este banquete aparece como anticipo de la plenitud del reino que ya se ha inaugurado. Hacia él va el seguidor de Jesús. Más adelante, el evangelista nos presentará una parábola en la que el banquete de boda aparece como imagen del reino consumado (Mt 22, 1-14). Los fariseos no comprenden esta confraternización del Maestro con los recaudadores y los pecadores. Tampoco los discípulos de Juan entienden que los discípulos banqueteen y se olviden de ayunar. Jesús tendrá que explicarse…

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Publicado por en 26 de junio de 2015 en Biblia, Lectio Divina, Recursos

 

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